miércoles, 27 de abril de 2011

Un sorteo de uno de nuestros libros




Acero y Magia sortea un ejemplar de nuestro libro titulado CABALLEROS DE LA MEDALLA DEL HONOR.

El libro estará firmado y dedicado al ganador por José A. Márquez, autor de la obra. No os perdaís el concurso en este enlace de Facebook.

¡Suerte a todos!

Breve Historia de la Cruz de Hierro de 1939


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CRUZ DE HIERRO DE 1939

El 1 de Septiembre de 1939, Adolf Hitler firmó la ley por la cual se restituyó la Cruz de Hierro (él mismo era portador de dos cruces de Hierro, la de primera y Segunda Clase obtenidas durante la Primera Guerra Mundial). Esta orden instituyó la Gran Cruz en sus tres clases: Gran Cruz para la Cruz de Hierro, Cruz de Hierro de Primera Clase y Cruz de Hierro de Segunda Clase, pero además creó otra condecoración: la Cruz de Caballero para la Cruz de Hierro. Hitler, además, introdujo la Barra de 1939 para la Cruz de Hierro de Primera Clase de 1914 y la Barra de 1939 para la Cruz de Hierro de Segunda Clase de 1914, destinada a premiar a los veteranos de la Primera Guerra Mundial, que fueran merecedores de ella en la Segunda Guerra Mundial. Antes de que se iniciara la producción de la Cruz de Hierro de 1939, se tomaron algunas determinaciones que cambiaron por completo el diseño original de Schinkel. La nueva cruz sería más grande y robusta en la forma, y todos los vestigios de las hojas de roble imperiales y coronas removidos. En lugar de estos emblemas tradicionales prusianos, Escher, el diseñador de la Cruz de Hierro de 1939, utilizó la esvástica en la parte central y la fecha 1939 en la parte inferior. La parte posterior permaneció limpia, a excepción por la fecha de institución de 1939.

Cuando la misma era concedida, se entregaba junto con una caja, además de un documento acreditativo, donde se certificaba que el portador era merecedor de la medalla. La Cruz de Hierro de Segunda Clase era raramente concedida en combate, y en lugar de ello, y de acuerdo a las tradiciones prusianas, la cinta era usada en el uniforme, como una cinta formal en el hueco del segundo botón de la túnica. En los casos de que el portador hubiera sido condecorado con la barra de 1939 para la Cruz de Hierro de Segunda Clase de la Primera Guerra Mundial, se portaba la misma suspendida del hueco del segundo botón de la túnica, atada a una cinta negra y blanca Imperial. La Cruz de Hierro de Primera Clase era portada en la parte superior del uniforme. A nivel de la garganta, por encima de todas las otras condecoraciones se lucía orgullosa la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro. Por encima de la Cruz de Hierro de Primera Clase que colgaba en el uniforme las únicas condecoraciones que podían estar por encima de ella (a excepción de la Cruz de Caballero que colgaba en el cuello) eran las Barras de Combate en bronce, plata, y oro. Los recipientes de la barra de 1939 para la Cruz de Hierro de Primera Clase, tenían permitido utilizar su Cruz de Hierro de 1914 en la parte izquierda de la túnica, pero se debía colocar la barra por encima de ella. El diseño propuesto causó un debate entre la comunidad de productores de medallas, los cuales creían que se debía conservar el diseño original de la Cruz de Hierro Imperial, tanto en su tamaño y como en su forma.

De hecho, varios fabricantes produjeron la Cruz de Hierro de 1939 en sus versiones de Primera y Segunda Clase, teniendo en cuenta el estilo y tamaño de la Cruz Imperial. Estas cruces imperiales, conocidas hoy en día como cruces estilo Schinkel, por el nombre de su diseñador original, son difíciles de encontrar. Al final, se llegó a un nuevo diseño modelo de la Cruz de Hierro de 1939, que es el que hoy conocemos: una cruz con brazos de 44mm. En la Cruz de Segunda Clase se utiliza la esvástica en el centro y la cifra 1939 en la parte baja, por la parte de atrás esta grabado el número 1813, fecha de creación de la condecoración. En la Cruz de Hierro de Primera Clase se conserva el mismo motivo, pero en la parte de atrás lleva un enganche metálico, para sujetarla a la parte superior del uniforme. En otras versiones, la cruz posee un imán magnético en la parte trasera en lugar del enganche metálico.

Cintas para la Cruz de Hierro de 1939

La cinta para la Cruz de Hierro de 1939, fue cambiada de sus colores iniciales imperiales, por los utilizados por la Alemania nazi: el rojo, el negro y el blanco. Esta consistía en una cinta de 14 milímetros de ancha, bordeada por dos tramos de 4mm de color blanco. No existió la cinta para los «no combatientes», pues se consideraba que esta distinción estaría reservada únicamente al personal militar.

Cruz de Caballero

Cuando Adolf Hitler introdujo la Cruz de Caballero para la Cruz de Hierro en 1939, no creó solamente una condecoración que estableciera un puente entre la Cruz de Hierro de Primera Clase y la Gran Cruz para la Cruz de Hierro, sino que instauró una que constituyó la condecoración que fue utilizada como herramienta de propaganda y motivación para ser utilizada por la WehrmachtLa Cruz de Caballero transformaba a sus receptores en héroes nacionales. La entrega de la misma se realizaba con un gran despliegue, mucho mayor que aquel cuando se entregaba la de Primera o Segunda Clase. De los quince o veinte millones de hombres que sirvieron en la Wehrmacht o en las Waffen-SS durante la Segunda Guerra Mundial, solo 7.300 recibieron esta condecoración.

El criterio para su imposición variaba dentro de las diferentes armas de la Wehrmacht y podía ser entregada por el heroísmo personal o por liderazgo militar. Para aquellos que servían en las fuerzas de tierra del ejército, las Waffen-SS y la Luftwaffe, era necesario que hubiera sido distinguido en combate más de cinco o seis veces, después de obtener la Cruz de Hierro de Primera Clase. Dentro de las unidades aéreas de la Luftwaffe, se estableció un puntaje de veinte puntos para poder recibir la Cruz. En las unidades de la Marina de Guerra (Kriegsmarine), se concedía una vez el oficial hubiera demostrado haber hundido al menos 100.000 toneladas de barcos enemigos. Sin embargo, estos criterios fueron cambiando durante el transcurso de la guerra. Tanto es así, que en los primeros años se obtenía con el derribo de veinte aviones enemigos y al final se necesitaba demostrar más de cien. Se cree por lo general, que el obtener esta condecoración era más fácil para los miembros de las fuerzas de tierra del Ejército, las Waffen-SS o la Luftwaffe y la práctica parece que así lo confirma.

Además, por lo general, esta se obtenía en especial en las unidades Panzer, por el comandante de la unidad, tanque o cañón de asalto y no por algún otro miembro de la tripulación. En su diseño, la Cruz de Caballero para la Cruz de Hierro es idéntica a la Cruz de Hierro de Segunda Clase en todos los aspectos, salvo en tres detalles:

a) Es más grande, pues mide 48 por 48mm.

b) El ojo de la Cruz en la parte superior, ha sido girado 90 grados a fin de quedar en línea con la Cruz.

Datos aparecidos en la obra CABALLEROS DE LA CRUZ DE HIERRO EN GUERRA.

Nota: Las información aquí recogida es un breve resumen de la aparecida en el libro citado.

lunes, 25 de abril de 2011

von Richthofen, Manfred (El Barón Rojo)




Autobiografía de MANFRED VON RICHTHOFEN, el Barón Rojo.Traducido y adaptado por Juan Carlos Sánchez Clemares.

SOBRE MI FAMILIA



Mi familia, la familia Richthofen, nunca ha poseído gran tradición militar, pues fueron personas de la tierra, que gustaban trabajar los campos y apenas se aventuraron a salir más allá de las tierras colindantes a sus dominios. Hubo unos pocos Richthofen que lo hicieron, para estudiar en la Universidad y ocupar cargos en el Estado, pero fueron los menos. Mi abuelo, así como sus antepasados, vivía en sus posesiones situadas entre Breslau y Striegau[1]. Que yo sepa, sólo hubo un antepasado en la generación de mi abuelo, un primo, que fue general. Sería el primer militar de la familia Richthofen.
Algo parecido ocurrió en la familia de mi madre, de nombre von Schikfuss y Neudorf. Muchos colonos y terratenientes, pero pocos militares, y los que hubo apenas sobresalieron. El hermano de mi bisabuelo Schikfuss murió en combate en el año 1806[2].
Durante la revolución del año 1848[3] fue incendiado y reducido a cenizas un hermoso castillo que pertenecía a los Schikfuss. Pero con todo, el mayor rango a que llegaría jamás un miembro de la familia Schikfuss sería de capitán de la caballería en reserva.
En la familia Schikfuss, como en la Falckenhaussen, que era donde pertenecía mi abuela, practicaban únicamente dos aficiones, si bien ambas con gran pasión: los primeros eran muy aficionados a la caza y los segundos a los caballos. Mi tío Alejandro Schikfuss, hermano de mi madre, viajó mucho alrededor del mundo y pudo practicar la caza en diferentes países: África, Noruega, Ceilán, Hungría…
Mi padre fue el primero de la familia en iniciar una vida militar. Ingresó muy joven en la Academia Militar, de donde salió para incorporarse a las filas de Ulanos[4] número 12. Mi padre fue un militar abnegado, disciplinado y valiente. Se vio obligado a pedir el retiro por anticipado por un accidente. Se quedó sordo debido a que durante el baño a los caballos en un río, uno de sus hombres a punto estuvo de morir ahogado. Mi padre le salvó, pero como no podía abandonar su puesto, estuvo toda la noche a la intemperie soportando el frío y la humedad, de ahí la sordera.
En la actualidad, los Richthofen han asumido la vida militar y lo contemplan como algo normal. En tiempos de guerra, todos los Richthofen que son aptos para luchar se encuentran bajo la bandera del país. Es por esto que al principio de la actual contienda ya he perdido a seis primos de parentesco más o menos cercano; todos ellos pertenecían a regimientos de Caballería.
Mi nombre de Manfred me viene en recuerdo de mi tío abuelo del mismo nombre, quien desempeñó en tiempo de paz el cargo de ayudante de Su Majestad y comandante de la Garde du Corps[5], siendo durante la guerra coronel de un regimiento de Caballería.
Voy a hablar un poco de mi juventud. Cuando nací mi padre estaba destinado al Regimiento de Coraceros[6] nº 1, con guarnición en Breslau. Mi familia vivía en Kleinburg. No fui al colegio de pequeño, sino que hasta los nueve años tutores me dieron clases particulares en casa. Luego marché a un colegio en Schweidnitz[7], y más tarde ingresé como cadete en Wahlstaff[8]. Los vecinos de Schweidnitz me extrañaron mucho, ya que me consideraban como uno de los suyos. Fui instruido en el Cuerpo de Cadetes para ingresar, siguiendo la tradición militar, en algún regimiento de Caballería. Por tanto, fui destinado al Regimiento de Ulanos nº 1.
Lo que desde ese momento hasta ahora acontece en mi vida está escrito en este libro.
Mi hermano Lothar es el otro miembro de la familia dedicado a la aviación. Por su valor y hazañas ha sido recompensado con la cruz Pour le mérite. Mi hermano menor, que todavía es cadete, espera con impaciencia, típica de la juventud, poder ingresar en la aviación. Mi hermana, así como todas las señoras de mi familia, se ocupan de cuidar y atender a los heridos.

1903-1909 en Wahlstatt y 1909-1911 en Lichterfelde; siendo cadete.
Cuando finalicé el sexto año de bachillerato me vi obligado a ingresar como cadete en al Academia, algo que realmente no deseaba, pero fue decisión de mi padre y, por tanto, ni tan siquiera me lo consultaron.
Siendo tan joven, la severa disciplina y el duro orden impuestos en la Academia me resultaron muy difíciles de soportar. Además, no tenía gran afición a los estudios, pues nunca había destacado en ellos. No es que sea poco apto, pero siempre he procurado estudiar lo justo para aprobar, nada más. Mis técnicas de estudios se basaban en estudiar días antes y procurar aprobar por la mínima nota. Ante esto, no poseía suficiente ambición para llegar en la Academia con la intención de convertirme en un estudiante modelo de buenas notas; ni tan siquiera creía que mis trabajos merecieran un aprobado. Lógicamente, no me convertí en el favorito de los profesores y no me tuvieron excesivo aprecio. A cambio, todas las asignaturas que se basaran en el aspecto físico fueron de mi agrado: la gimnasio, el fútbol… No existía ejercicio, por muy difícil que pareciera, que no practicara con entusiasmo, sobre todo el trapecio, donde logré conseguir varios premios que me fueron entregados por el comandante.
También me atraían las situaciones de peligro. En una ocasión, y en compañía de mi amigo Frankenberg, por motivos de una apuesta, subí al tejado de una iglesia con una torre bien famosa en la región de Wahlstatt, por donde gateé hasta alcanzar el pararrayos, donde até un pañuelo en la punta para dejar constancia de mi hazaña. Todavía recuerdo lo difícil que me fue caminar por las escurridizas tejas de pizarra. Diez años más tarde, mientras visitaba a mi hermano pequeño, pasé por la iglesia y pude descubrir que el pañuelo seguía atado en la punta del pararrayos. Por cierto, mi querido amigo Frankenberg fue una de las primeras víctimas de la guerra.
En Lichterfelde[9] me encontré más a gusto. No era una institución tan rígida como la anterior, tenía más contacto con el mundo exterior y ese me alegró mucho, ya que comencé a vivir la vida de forma más intensa. Mis mejores recuerdos de esa época son los referentes a los campeonatos de atletismo, donde en varios de ellos luché en ocasiones en contra del Príncipe Federico Carlos y en otras a su lado. El Príncipe ganó varios premios, pero era porque estaba mejor entrenado que yo tanto en carreras campo a través como en fútbol.

Pascua de 1911; el ingreso en el ejército.
Lograr entrar con tal rapidez en el ejército me pareció como un sueño, no lo podía creer. Obtuve el primer puesto en el examen para ser portaestandarte y me asignaron al Regimiento de Ulanos nº 1, llamado “Rey Alejandro III[10]”; ser portaestandarte era un gran honor. Gracias a mis buenas notas pude escoger regimiento, y escogí ese porque se encontraba acantonado en mi querida Silesia y también porque algunos amigos y parientes me lo aconsejaron.
Me encantó servir en dicho regimiento. No había duda de que para un joven como yo el mejor destino era la Caballería. Del tiempo que estuve en la Escuela Militar tengo poco que decir, ya que se pareció demasiado a mi época de cadete y por eso no guardo buen recuerdo.
Como anécdota a reseñar de mi estancia allí, decir que uno de mis profesores de la Escuela Militar compró una yegua que se suponía tenía quince años, pero en realidad era mucho más vieja y tenía las patas demasiado gruesas. El animal se llamaba Biffy. No obstante, la yegua saltaba muy bien y yo mismo la monté varias veces. Un año más tarde, ya con el regimiento, me contó el capitán von Tr.[11], que era gran deportista y amante de los caballos, que se había comprado un animal que era bastante torpe en el momento de saltar.
Todos sentíamos gran curiosidad por ver a tan torpe animal, que llevaba el nombre poco común de Biffy. Yo ya no me acordaba de la vieja yegua de mi profesor de la Escuela Militar, así que no me di cuenta del detalle del nombre. Por fin logré ver un día al caballo, y cual no sería mi asombro al descubrir que no era un caballo, sino una yegua, la vieja Biffy, que antaño perteneciera a mi profesor de la Escuela. Durante ese tiempo la yegua había cambiado de amo en varias ocasionas, hasta que von Tr. la adquirió a mi profesor de la Escuela por 3.500 marcos; mi profesor la compró por 1.500 marcos. El animal había cambiado bastante y ya no era ese portento saltando. Von Tr. compró a la yegua porque pensaba, o le dijeron, que tenía ocho años[12]. Por supuesto, Biffy ya no logró ganar ningún campeonato de salto y von Tr. la vendió como caballo de guerra. Mataron al animal al principio de la guerra.


Esto es un fragmento de la autobiografía del famoso “Barón Rojo” que podrás leer en su totalidad en el libro CABALLEROS DE LA POUR LE MÉRITE de próxima publicación por Ediciones Medea. Autores Juan Carlos Sánchez Clemares (autor de los libros CABALLEROS DE LA CRUZ DE HIERRO Y DIAMANTES DE LA CRUZ DE HIERRO y la trilogía de novela histórica CRÓNICAS DE UN CONQUISTADOR) y J. A. Márquez Periano (autor, entre otros libros, de CABALLEROS DE LA MEDALLA DEL CONGRESO)


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NOTAS AL PIE
[1] Ambas ciudades están actualmente en la Baja Silesia en Polonia, en el suroeste del país.
[2] Posiblemente peleando contra las tropas napoleónicas que invadieron el por entonces Sacro Imperio Romano Germánico y que hizo que dicho imperio se disolviera para siempre.
[3] Conocida como La primavera de los pueblos o el Año de las Revoluciones. Una serie de revueltas populares que se generalizaron en Europa con rapidez y brevedad. En Alemania fue conocido como la Revolución de marzo, donde se pedía acabar con el régimen de la nobleza, establecer un parlamento, libertad de prensa y opinión. En parte el pueblo consiguió sus propósitos, aunque no los principales.
[4] Dichos regimientos se llamaban así por la lanza, que los polacos volvieron a poner de moda en Europa. La lanza “ulana” podía ser llevada tanto por regimientos de infantería en apretados cuadros, como por caballería, como lo fue en el caso de Alemania.
[5] Cuerpo de elite de coraceros.
[6] Jinetes armados con sables y protegidos con corazas y cascos. Caballería pesada, pero que ya era totalmente obsoleta en la guerra como tristemente pasó. Aún así, los generales se empeñaban en seguir cargando con caballería contra ametralladoras y fusiles.
[7] Actualmente situada en la Baja Silesia, en Polonia.
[8] De igual modo, se encuentra en la Baja Silesia. De esta ciudad surgió el general alemán que intervino en la batalla de Waterloo contribuyendo decisivamente a la derrota de Napoleón, el príncipe Gebhard Leberecht von Blücher
[9] Barrio de Berlín situado en el distrito de Steglitz-Zehlendorf. Es un barrio muy famoso por sus chalets del siglo XIX y sus grandes arboledas. En tiempos del Barón Rojo era además una zona exclusiva de la ciudad para gente pudiente.
[10] Von Richthofen era bastante vago en sus escritos. El nombre del regimiento “Rey Alejandro III” es muy dado a confusión. ¿A qué rey daba nombre el regimiento? ¿Al Rey macedonio Alejandro III del 356 a. C. al 323 a. C., o al emperador Alejandro III del Imperio Bizantino entre 912 y 913? No son demasiado factibles el resto de opciones: Alejandro III de Escocia (1241-1286) y el zar Alejandro III (1881-1894).
[11] No se sabe a que oficial nombra, tal vez no lo menta por no añadir burla por el asunto de la anécdota del caballo.
[12] Lo que nos hace sospechar que o bien el profesor de la Escuela fue muy hábil para hacer pasar a un animal mayor por joven, o que von Tr. no era tan gran experto en caballos como era al parecer.

sábado, 23 de abril de 2011

Día del libro. Oferta para los Lectores del BLOG









Saludos,






Mi editorial ha tenido a bien concederme la oportunidad de poder realizaros una rebaja por el día del libro del 15% sobre nuestros libros publicados. Si eligues la modalidad contra-reembolso te aplicarán el 15% de descuento sobre el precio de los libros que eligas en:















Por supuesto, los libros irán dedicados a aquellos que los compren. Feliz Día del Libro a todos.






viernes, 22 de abril de 2011

Foltin, Ferdinand


Foltin, Ferdinand, Nacido en Viena el 30 de noviembre de 1916, a la edad de veinte años ingresó en el ejército austriaco, en concreto en las filas del 15º Regimiento de Infantería Babenberg (Duque de Austria), como voluntario y durante un periodo de un año. Terminado ese tiempo ingresa en la Academia de Oficiales de Wiener-Neustadt con la intención de formar parte profesional del ejército. En mayo de 1938, cuando aún esta realizando el curso de adiestramiento, Alemania se anexiona Austria y Foltin pasa a formar parte del ejército alemán. Completa su adiestramiento en septiembre de 1938, uniéndose a la 6ª Compañía del Regimiento 107 de Infantería como líder de escuadra.
Terminada la anexión de Austria por la Alemania nazi, pasó a ser automáticamente un Oberfähnrich Wehrmacht (es el rango de oficial cadete), llegando a ser teniente gracias a sus buenas cualidades para el mando y la disciplina, el 1 de enero de 1939. No tardó en ingresar en los cuerpos de paracaidistas de la Luftwaffe, en octubre de 1940 en la Escuela de Paracaidistas de Brunswizk.

Foltin destacó junto con su regimiento en duros combates, aunque su unidad sufrió grandes bajas, sobre todo debido al intenso fuego enemigo y la falta de planificación por parte de sus superiores en Creta. Esto no desanimó a Foltin ni a sus hombres, que llevaron a cabo increíbles hazañas bélicas dignas de ser noveladas o llevadas al cine. Su unidad de paracaidistas llevó a cabo saltos tras las líneas enemigas para causar el caos o sabotajes entre los ingleses, o para tomar determinados puntos estratégicos a base de intensos combates entre fuego de ametralladoras, granadas e incluso feroces combates cuerpo a cuerpo, donde Foltin animaba a sus soldados con palabras de ánimo y marchando el primero a la batalla al más puro estilo homérico. Testimonios de soldados alemanes aseguran que Foltin incluso llegó a ser tan vehemente en su lucha, que se adelantaba a sus hombres y marchaba contra las posiciones inglesas prácticamente solo, con actos de heroísmo sin igual, y a veces hasta resultaba herido.

Las hazañas de Foltin, con tintes de Hollywood, llamaron enseguida la atención de sus superiores, que decidieron condecorar al valiente teniente con la Cruz de Hierro de 1ª clase, pero no se la podían dar porque todavía no había obtenido la Cruz de Hierro de 2ª clase. Pero fueron tantas y tan increíbles las heroicidades de Foltin, que el Alto Estado Alemán decidió hacer una honorable excepción, y condecoraron a Foltin con ambas cruces.

En agosto de 1942 volvió por fin a primera línea de combate, en el duro Frente del Este, como comandante de la 7ª Compañía.

En Cassino le ordenaron defender la ciudad con escasas tropas. Foltin se convirtió en comandante del 2º Batallón y de la 10ª Compañía. La División de Foltin se convirtió en un puñado de soldados dispuestos a luchar hasta el último hombre. Los Aliados se iban a topar con una férrea determinación y valentía. Foltin se vio obligado a solicitar los refuerzos de la 6ª Compañía, reserva que él mismo, inteligentemente, había mantenido a salvo en unas cavernas situadas a cinco kilómetros tras las líneas alemanas. Fue tal la valentía y los actos de heroísmo que los alemanes protagonizaron, que los Aliados, a pesar de su insultante superioridad, fueron incapaces de tomar la ciudad. Foltin, en esa jornada, se encontraba en todas partes animando a los soldados y participando en los combates, aunque debido al fuego artillero enemigo no pudo traer a las tropas de reserva.

El cuarto día comenzó como los anteriores. La superioridad de los Aliados era enorme, tanto en efectivos de tropas como de material, y confiaban en quebrar por fin la defensa alemana. Pero de nuevo volvieron a toparse con lo increíble, porque Foltin y sus hombres se defendieron con la desesperación nacida de la valentía, el deber y el saber que sólo quedaba morir luchando. Los combates se sucedieron con ferocidad, luchando calle por calle, casa por casa, metro a metro, pero los Aliados, al caer la noche, fallaron en sus planes. Gracias a la oscuridad, las escasas tropas de reserva alemanas consiguieron llegar para ayudar a Foltin y sus hombres que, una vez más, contra todo pronóstico, habían rechazado el asalto aliado. Gracias a mantener la posición, nuevas unidades alemanas consiguieron llegar a Cassino y reforzar las defensas alemanas.

Las acciones de Foltin, el valor y heroísmo derrochado durante la férrea defensa de Cassino, hicieron de este soldado un héroe para los alemanes que vieron en su persona los valores que supuestamente todos los alemanes debían poseer: el desprecio a la vida en la defensa de la patria, honor y la dignidad al más puro estilo militar. Los soldados que defendieron Cassino fueron todos ellos héroes, liderados por el mayor de todos: Foltin, que a partir de ese momento fue conocido, junto con los paracaidistas, con el nombre de "el demonio verde de Montecassino". Por sus acciones, por su conducta probada en batalla, Foltin fue condecorado con la medalla más insigne de Alemania: la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro. Fue el 9 de junio de 1944, el mismo día que fue ascendido a mayor. En cuanto a la defensa de Cassino, la ciudad aguantó los ataques efectuados a diario por los Aliados, que se estrellaron constantemente contra las posiciones alemanas. Finalmente, los alemanes comprobaron que la defensa de Cassino era imposible de mantener por más tiempo, ya que no contaban con tropas de refuerzos ni con material.

Volviendo con Foltin, el 1 de septiembre de 1944 es transferido a la 7ª División Aerotransportada del general Wolfgang Erdmann. Marchó con su división a Holanda donde participó en la contraofensiva para detener la ofensiva aliada llamada Market-Garden en la ciudad de Arnhem. Foltin se rindió a los ingleses entre el 8 y 10 de mayo, siendo encarcelado por un periodo de cuatro meses y puesto en libertad sin cargos.
Esto no significó el fin de la gloriosa carrera militar de Foltin. En septiembre de 1952 volvió al ejército austriaco con el grado de capitán, participando en la reorganización de la Gendarmería y la primera escuela para los nuevos suboficiales.

Ferdinand Foltin murió el 18 de mayo de 2007, tras protagonizar una de las más apasionantes biografías de la Segunda Guerra Mundial, tal y como atestigua este libro.

Biografía recogida en la obra CABALLEROS DE LA CRUZ DE HIERRO EN GUERRA.

Nota: Las biografías aquí recogidas son un resumen de las aparecidas en el libro citado.

martes, 19 de abril de 2011

Döenitz, Karl

Dönitz, Karl nació el 16 de septiembre de 1891 en Grünau, cerca de Berlín, hijo de un próspero ingeniero en el seno de una familia burguesa. Comenzó su carrera en la Marina Imperial en abril de 1910. Durante sus primeros años como oficial de marina, el teniente Dönitz los pasó a bordo del crucero SMS Brelau. Tuvo una breve experiencia en un escuadrón de hidroaviones hasta que en 1916 comenzó su carrera en el arma submarina. Pasó nueve meses en cautiverio, en un campo de prisioneros, hasta 1920.

Regresó a la Kriegsmarine, donde permaneció hasta 1935. Es en julio de 1935, cuando el Gran Almirante Raeder le confirió la tarea de construir la moderna arma submarina. En ese momento, el Führer había decidido ignorar las restricciones impuestas por el Tratado de Versalles.

Pese a las restricciones en el número de unidades fue capaz de planificar cuidadosamente una exitosa campaña. Cuando el 30 de enero de 1943, reemplaza al Gran Almirante Raeder como Comandante en Jefe de la Kriegsmarine, y además mantendrá el mando personal de la Flota Submarina. Hitler lo asciende a Gran Almirante y le otorga las Hojas de Roble para su Cruz de Caballero el 30 de enero de 1944.

Sin embargo, las operaciones directas contra barcos de guerra se mostraron contrarias a la flota alemana, con lo que las unidades se centraron en los objetivos que ya había adelantado Dönitz en su día: los buques mercantes. En 1941, los daños causados a los convoyes de suministros eran muy grandes y la armada alemana recibía los primeros sumergibles del Tipo VII. Pero la victoria jamás se podría haber decantado del lado alemán por dos motivos. Primero, la entrada de los Estados Unidos en el conflicto en diciembre de 1941 provocó un grave cambio en el equilibrio de fuerzas navales, y en segundo lugar, la obtención de la máquina criptográfica Enigma permitió a los Aliados descifrar los mensajes entre las unidades navales alemanas. Sólo el 1 de febrero de 1942 las unidades «Tritón» de la flota recibieron máquinas «Enigma» mejoradas (M4), pese a todos sus códigos fueron descifrados en diez meses por los Aliados.

El 19 de mayo de 1943 su hijo menor, Peter Dönitz, muere en el hundimiento de su submarino U-954, en el Atlántico Norte, donde servía como oficial.

Dönitz ideó el concepto de la Manada de Lobos (táctica recuperada de la Primera Guerra Mundial), mediante el cual, una vez que un submarino detectaba un convoy, daba el aviso a su Cuartel General y esperaba al acecho la llegada de los submarinos que se encontraran en las inmediaciones, para atacar en grupo, siguiendo en cuadrilla a los barcos durante millas y millas de navegación. Dönitz fue ascendido el 31 de enero de 1942 al grado de Gran Almirante. Este ascenso le otorgó a su vez el cargo de Oberbefehlshaber der Kriegsmarine o Jefe Supremo de la Kriegsmarine.

Al final de la guerra, los últimos modelos de submarinos alemanes operativos, los tipo XXI y XXIII, fueron capturados intactos por los Aliados.

Dönitz siempre fue leal al Führer y al Partido Nacionalsocialista, y por ello Hitler lo nombró su sucesor como Presidente del Reich, cargo que ocupó durante veinte días. Su última misión como Comandante en Jefe de la Wehrmacht fue instalar el gobierno en Flensburg, en la región Schleswig-Holstein, desde donde intentó negociar el armisticio con los Aliados, sin mucho éxito pues la suerte de Alemania ya estaba echada. Se dirigió a la población el 1 de mayo de 1945 intentando mantener elevada la moral de la ciudadanía, mientras trataba de seguir la lucha contra la Unión Soviética.

El día 8 de mayo de 1945, anunció por radio la rendición incondicional de todas las fuerzas alemanas. El 22 de mayo, su ayudante Lüdde-Neurath le comunicó que la Comisión Aliada de Control exigía que a la mañana siguiente, acompañado por Friedeburg y Jodl, se trasladase a bordo del buque Patria, donde estaba alojada dicha comisión. Una vez allí, subieron a bordo del buque sin honores de ningún tipo, salvo por los flashes de las cámaras de los fotógrafos. Frente a una mesa en la que estaban sentados Dönitz, Jodl y Friedeburg, se acomodaban los Jefes de la Comisión Aliada de Control, formada por el General de División americano Rooks, el General soviético Truskov y el General británico Ford. Tras la lectura por parte del General Rooks de una comunicación en la que se disponía que, por orden de Eisenhower, él y el Alto Mando de la Wehrmacht iban a ser detenidos, pasaron a ser considerados prisioneros de guerra. Al preguntarle si tenía algo que objetar, se limitó a decir:

«Sobran todas las palabras».

Fue desprovisto de sus condecoraciones y uniforme, cambiándolo todo por un pijama gris. Así acababa para siempre el Tercer Reich de los mil años. Posteriormente afirmaría:

«¿Como puede un tribunal extranjero juzgar al Gobierno soberano de otro país? ¿Podríamos haber proceso a su presidente Franklin D. Roosevelt y al secretario Henry Morgenthau, o a Winston Churchill si hubiéramos ganado la guerra? No podríamos haberlo hecho y no lo lo habríamos hecho. De haber juicio, tiene que llevarlo a cabo la nación de cada uno, y con tribunales establecidos por ella.»

En los Juicios de Nüremberg se enfrentó a cargos de crímenes de guerra y crímenes contra la paz. No se le acusó de crímenes contra la humanidad, pero sí de planificar la guerra y de dar órdenes para no prestar ayuda a los náufragos en los ataques de los submarinos. Ésta era la acusación más importante y se basaba en una orden directa dada por Dönitz en 1942, tras el hundimiento del barco Laconia con miles de náufragos británicos, polacos e italianos. El comandante del submarino organizó el salvamento de los náufragos y declaró neutral la zona por Alemania para permitir el rescate. Al ser bombardeado el submarino por un avión aliado durante el rescate. Declarado culpable de dos de los tres cargos, fue condenado a diez años que cumpliría en la Prisión de Spandau.

Abandonó la prisión en 1956 y de retorno a la vida civil, fijó su residencia en la villa de Aumühle cercana a Hamburgo, cumpliendo así integra su condena. No hubo clemencia para el sucesor de Hitler. Escribió sus Memorias que fueron publicadas en 1968, y luego se dedicó a escribir la historia del arma de guerra submarina alemana.

Karl Dönitz falleció la Noche de Navidad de 1980. Decía no simpatizar con los ideales de Hitler y que únicamente le veía esporádicamente, teniendo él un control absoluto sobre sus acciones y decisiones militares, algo cierto, dado que Hitler reconoció públicamente desconocer los pormenores del mar. Según sus propias palabras:

«Yo no soy un político. Jamás tuve la más ligera sospecha de las iniciativas que se tomaban en lo concerniente a los judíos. Hitler decía que todo debía ocuparse de sus asuntos y los míos eran los U-Boot y la flota»

Aún así, otros militares en sus correspondientes biografías afirman que las visitas de Dönitz a Hitler se fueron haciendo más regulares a medida que la guerra se acercaba a su fin, y que Dönitz se jactaba públicamente de su ferviente nazismo y afiliación al partido 30. Es algo que ya nunca sabremos, aunque, lo realmente cierto es que fue injustamente condenado en los juicios de Nüremberg.


Biografía recogida en el libro CABALLEROS DE LA CRUZ DE HIERRO.

Nota: Las biografías aquí recogidas son un resumen de las aparecidas en el libro citado.

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Estimados amigos,

Quisiera agradecer a las 100 personas que de forma anónima acceden diariamente a este humilde blog para leer las biografías de tan insignes militares. Este que suscribe se siente emocionado al ver tantas personas interesadas y sobre todo, vuestras visitas diarías. Por ello, procuraré en la medida de lo posible actualizar más a menudo el blog y contar con más entradas y concursos.

¡Gracias a todos!

José A. Márquez Periano.

Bong, Richard Ira "Dick"




Bong, Richard Ira "Dick", es el mejor piloto de combate americano que luchó contra los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. Era un piloto de la USAFF, y está es su historia.
Nació el 24 de septiembre de 1920 en el seno de una familia de clase media. Su padre era un inmigrante sueco y su mujer era americana. La familia inculcó al pequeño grandes valores de lealtad a la familia y un alto sentido del patriotismo y el deber (su padre quería ser más patriota que nadie, sentimiento habitual en los inmigrantes en otros países que desean ser aceptados).
Se crió en la pequeña granja familiar en la ciudad de Poplar, en el estado de Wisconsin, como uno más de la extensa familia de los Bong.

Su amor por los aviones se vio totalmente reforzado cuando de pequeño veía a los aviones aterrizar cargados con el correo. En 1938 se apuntó a la Escuela Superior del Estado para aprender alguna profesión.

En 1941, cuando aún no había cumplido 21 años, se alistó en el Army Air Corps, en el programa de cadetes-aviadores.

Su primera función a desempeñar como 2º Teniente fue la de ser instructor de artillería en la misma escuela de vuelo en la que se licenció. El primer traslado a una unidad operativa fue al 49º Escuadrón de Cazas que formaba parte del 14º Grupo de Cazas, en el aeródromo de Hamilton Field, en California, donde pilotarían los aviones bimotores P-38 Lightning15

El 12 de junio de 1942 voló demasiado cerca de una casa durante un vuelo de entrenamiento. y por si fuera poco, junto con otros 3 pilotos había sobrevolado el puente Golden Gate16 ese mismo día. Una mujer se quedó, literalmente, "en paños menores" cuando los tres pilotos volaron demasiado bajo y la fuerza del aire desnudó a la desdichada señorita. La mujer interpusó una queja formal a las autoridades. Por ello fue obligado a permanecer en tierra por sus faltas de disciplina.

Esta travesura fue recriminada nada y nada menos que por el General George C. Kenny (responsable de 4ª Fuerza Aérea), el cual le dijo textualmente por aquellas acciones tan irresponsables:


«Si usted desea volar en un circo no quiero tenerle en la Fuerza Aérea, y supongo que ya sabe a que me refiero».



Fue enviado al sudoeste del Pacífico con su nueva unidad. El 27 de noviembre de 1942 cosechó su primera victoria aérea al derribar su primer Mitsubishi A6M Zero17 y un Nakajima Ki-43 Oscar18 sobre Buna (Nueva Guinea). Por esta acción sería condecorado con una Estrella de Plata.

En marzo de 1943 regresaba al 49º Escuadrón, ahora destinado en el aeródromo Schwimmer Field, cerca de Port Moresby, en Nueva Guinea. Regresó al Pacífico en enero de 1944 y a su avión P-38 lo bautizó con el nombre de "Marge".

Tras un nuevo permiso en Estados Unidos, en mayo de 1944, regresó a Nueva Guinea en septiembre.

A pesar de ser el máximo as de la aviación norteamericana hasta esa fecha no se le había recomendado para la medalla del Honor. Finalmente fue el propio Estado Mayor de la Fuerza Aérea destinada en el Pacífico liderada por el general George Kenney, quien le recomendará para dicha condecoración, la cual le sería entregada por el General Douglas MacArthur en diciembre de 1944 en una ceremonia plagada de medios de comunicación.

En enero 1945 terminaba la guerra para Bong, dado que era enviado a casa por haberse convertido en el "as de todos los ases" de la aviación norteamericana. Bong se casó con Marge y participó en numerosas actividades sociales, como la de promocionar bonos de guerra.
Ironías de la vida, Bong murió pilotando, tal y como a él le hubiera gustado. Tras sobrevivir a la Segunda Guerra Mundial murió al pilotar uno de los primeros aviones a reacción de los Estados Unidos, el P-80A, un avión experimental, en agosto de 1945. Había muerto unos pocos meses después de haberse casado.

El mejor as de la historia de Estados Unidos se consideraba un mal tirador pues pensaba que tenia mala puntería, lo que compensaba con acercarse lo más posible a sus enemigos para derribarlos y compensar su pequeño problema de acierto con las ametralladoras.
Realizó 200 misiones de combate en 500 horas de vuelo.

Biografía recogida en el libro CABALLEROS DE LA MEDALLA DEL HONOR.
Nota: Las biografías aquí recogidas son un resumen de las aparecidas en el libro citado.

domingo, 17 de abril de 2011

Pequeña idea y SORTEO para los lectores asiduos del blog


Hola amigos,

Como deseo que el Blog sea algo interactivo con aquellos que lo sigan de forma regular, en lugar de elegir yo quien será el próximo héroe que publiqué en una nueva entrada, os iré preguntando todas las semanas por tres héroes, y el que más votos obtenga en la encuesta será el elegido... en caso de empate, pondré dos.

¡¡Así que ya estaís votando por los 3 nuevos elegidos!!

Basilone, John, el héroe de Guadalcanal.

Galland, Adolf, uno de los pilotos alemanes más condecorados.

Döenitz, Karl, el sucesor de Hitler y marinero sin tacha de la Kriegsmarine, aunque condenado injustamente a 10 años de cárcel en ls juicios de Nuremberg.

¡Vosotros formaís parte de este blog con vuestras decisiones!

Todos aquellos que posteen cualquier comentario en cualquier entrada del BLOG y se suscriban al BLOG entrarán en el sorteo de un ejemplar de CABALLEROS DE LA CRUZ DE HIERRO. Solamente podrán participar lectores que residen en España.

¡¡Recuerda que debes postear un comentario y ser seguidor del BLOG!!

El sorteo termina el 30 de abril.

¡Son todo ventajas!

Cada mes habrá un sorteo.... ¡¡estad atentos!!!

Hartman, Erich

Hartman, Erich fue el campeón de todos los ases, sobreviviendo a la Guerra sin un rasguño pese a ser derribado en varias ocasiones. Era considerado una persona rara y extravagante por sus compañeros. No quería ni aceptaba ascender en la escalera de mando, porque eso le permitía seguir aumentando su número de derribos. Nació el 19 de abril de 1921 en Weissach, en Württemberg (Alemania). Pasó los primeros años de su vida en Changsha, China, donde su padre, que era doctor, había emigrado para huir de la depresión económica que azotó a Alemania después de la Primera Guerra Mundial. Vivió allí hasta que debido a la Guerra Civil China, la familia regresó a Alemania en 1928.

Hartman tomó parte en el programa de entrenamiento de planeadores de la Luftwaffe, que apenas empezaba a reconstituirse, donde aprendió a volar bajo la instrucción de su madre, que era instructora de vuelo. Los Hartmann eran dueños de su propio planeador, pero la mala situación económica los forzó a venderlo.

En 1939 Hartmann obtuvo su licencia de piloto aviador y comenzó su entrenamiento militar el 1 de octubre de 1940 en varios centros de la Luftwaffe, entre otros el 10° Regimiento de Entrenamiento, en Neukuhren, en Prusia Oriental, y la «Escuela de Guerra Aérea» en Berlín.

Su primera victoria aérea la consiguió el 5 de noviembre de 1942 al derribar un Ilyushin Il-2 Sturmovik. Durante el resto de 1942 sólo logró contabilizar una victoria más.Hartmann fue asignado al 7./JG52 para servir como escolta de Walter Krupinski (197 victorias), quien se convirtió en su mentor y amigo. Krupinski fue quien le dio el apodo de Bubi (que significa «Niño»), con el que sería conocido toda su vida y también fue quien le enseñó a tener paciencia y esperar hasta que estuviese a corta distancia del enemigo antes de abrir fuego. El 7 de julio de 1943 derribó siete aviones en un solo día durante los masivos combates aéreos que se dieron durante la Batalla de Kursk.

Hartmann se benefició siempre de combatir al lado de ases ya consolidados que le enseñaron sus tácticas: Josef Zwerneman (126), Hanss Dammers (113) que le fueron enseñando a acortar distancias antes de abrir fuego. Por ejemplo, cuando él era el blanco, para escapar tenía un método particular, como él mismo contó:

«Vuela derecho y pisa el pedal del timón de modo que se produzca un ligero derrape que no pueda ser advertido por el atacante. Si abre fuego, pica con g negativo a derecha o izquierda sin olvidar el timón durante toda la maniobra. Tu atacante se quedará colgado del cinturón con g negativo, incapaz de apretar el gatillo. Con esta maniobra he salvado muchas veces mi vida»

El 19 de agosto de 1943, el escuadrón de Hartmann recibió órdenes de apoyar un contraataque con Stukas liderado por el as Hans-Ulrich Rudel. Durante el combate, Hartmann derribó dos aviones enemigos, pero pedazos del fuselaje de una de sus víctimas impactaron a su avión, obligándolo a hacer un aterrizaje forzoso en territorio enemigo. Al ver Hartmann que soldados soviéticos se acercaban para capturarlo, fingió haber sido herido de gravedad.

Durante el mes de octubre Hartmann logró 33 victorias más y para el 29 de octubre de 1943 ya tenía contabilizadas 148 victorias, siendo condecorado con la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro. Terminó el año con 159 victorias. Durante los meses de enero y febrero de 1944, logró 50 victorias en 60 días. En el curso de 1944 Hartmann reivindicó 172 victorias, un total sólo superado por su amigo Wilhelm Batz. Esta impresionante cifra levantó sospechas entre el alto mando de la Luftwaffe y sus reclamos de victorias fueron cuidadosamente analizados. El 2 de marzo de 1944 alcanzó su victoria 202. Para esta época, los soviéticos también empezaron a notar los logros de Hartmann. El código de radio de Hartmann, Karaya 1, era constantemente escuchado alertando a sus compañeros para que verificaran sus derribos, y el alto mando soviético ofreció una recompensa de 10.000 rublos al piloto que lo matara.

El avión Messerschmitt Bf 109 que Hartmann volaba en esta época tenía la punta pintada de negro en forma de tulipán. Junto a la cabina estaba pintado además un corazón atravesado por una flecha con el nombre Usch (el apodo de su novia y futura esposa), y bajo el corazón estaba escrita la palabra Karaya, el nombre del escuadrón de Hartmann.

En marzo de 1944 Hartmann fue convocado junto con Gerhard Barkhorn, Walter Krupinski y Johannes Wiese para presentarse en Berchtesgaden y recibir de manos de Adolf Hitler las Hojas de Roble para la Cruz de Caballero.

En mayo de 1944 Hartmann derribó dos P-51 Mustang de las Fuerzas Aéreas del Ejército de los Estados Unidos sobre Bucarest, Rumania, siendo estos dos aviones sus primeras víctimas no soviéticas. El 1 de junio de 1944, derribó cuatro P-51 Mustang en un solo día sobre Ploieşti. Ese mismo mes, después de derribar dos P-51 más, su patrulla fue atacada por ocho cazas norteamericanos. Hartmann relata que durante el combate tenía un P-51 alineado en su mira, pero que al apretar el gatillo sólo escuchó que se había quedado sin munición.

Para empeorar la situación, su avión se quedó sin gasolina y se vio forzado a saltar en paracaídas. Mientras flotaba lentamente a tierra los aviones americanos volaron en círculos a su alrededor y uno parecía que se estaba alineando para dispararle...

Por orden de Hermann Göring se le prohibió volar, pues Göring temía las repercusiones en la moral soviética y alemana si Hartmann era derribado en combate. Posteriormente esta prohibición fue cancelada gracias a los esfuerzos del propio Hartmann. Por sobrepasar las 300 victorias, Hartmann fue condecorado con los Diamantes para la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro, nuevamente por Hitler en persona en el Wolfsschanze 85. Sólo veintisiete soldados recibieron los Diamantes durante toda la guerra.


Hartmann asistió al programa de conversión bajo Heinrich Bär, y Galland quería que Hartmann se incorporara a la legendaria unidad JV 44 que el mismo Galland mandaba. Algunas fuentes indican que la decisión final de permanecer con el JG52 se debió a una solicitud por telegrama de Hermann Graf.

Hartmann desobedeció una orden directa del general Hans Seidemann de que Graf y él volaran inmediatamente al sector británico para evitar así el ser capturados por los soviéticos, dejando atras al resto de la unidad y evitar así la suerte de sus antiguos compañeros de armas. Hartmann permaneció fielmente al lado de su unidad hasta el último día de la guerra. El 8 de mayo de 1945, logró cosechar su última victoria, la número 352, cuando logró derribar a un avión soviético de la clase Yak-9 cerca de la ciudad Brno, en la actual República Checa. El 24 de mayo de 1945 el ejército de los Estados Unidos entregó a Hartmann a los soviéticos, siguiendo los acuerdos de la Conferencia de Yalta, que especificaba que los soldados alemanes que pelearon contra los soviéticos tenían que rendirse a ellos. Si Hartmann se hubiera unido a la JV 44, este acuerdo no se hubiera aplicado a él, pues la unidad JV 44 luchó exclusivamente contra los aliados occidentales.

Después de diez años y medio de cautiverio en gulags rusos, fue liberado finalmente en 1955 cuando el gobierno de Alemania Occidental y la Unión Soviética alcanzaron un acuerdo de intercambio comercial que incluía cláusulas para la liberación de los últimos prisioneros de guerra alemanes en la Unión Soviética.

Erich Hartmann se alistó a la Luftwaffe (Bundeswehr) de Alemania Occidental, donde ostentó el mando de la primera unidad de aviones de reacción de la posguerra, el Jagdgeschwader 71 Richthofen. Posteriormente el JG71 Richthofen fue equipado con aviones Lockheed F-104 Starfighter. Hartmann se opuso fuertemente y de forma pública a que se adoptara este avión por considerarlo inseguro y mal diseñado. S

Erich Hartmann, máximo as de la Historia, murió el 20 de septiembre de 1993 a la edad de setenta y un años. A diferencia de Hans-Joachim Marseille, que era un gran tirador y maestro del tiro de deflexión, Hartmann era un cazador nato, que acechaba y sorprendía a su presa. Según él mismo admite, el 80% de sus víctimas cayeron derribadas sin tener tiempo de reaccionar. Aprovechaba el poder del motor de su Messerschmitt Me 262 y su velocidad en picado, para acortar distancia rápidamente, abriendo fuego solamente cuando estaba a menos de veinte metros de distancia del avión enemigo para causar el máximo daño posible. Luego aprovechaba la confusión que causaba la sorpresa del ataque para romper el contacto, antes de que sus enemigos se organizaran. Esta táctica de combate la aprendió volando como escolta de Walter Krupinski, quien utilizaba frecuentemente este método.
Su técnica era efectiva, pero tenía ciertos riesgos. En varias ocasiones las piezas que se desprendían de los aviones enemigos cuando eran alcanzados, impactaban contra el avión de Hartmann, dañándolo y obligándolo a hacer aterrizajes forzosos.
Hartmann no era un temerario como Hans-Ulrich Rudel, sino que era muy cuidadoso y prefería obtener una sola victoria a tomar riesgos innecesarios. Durante toda su vida estuvo muy orgulloso de que ninguno de sus escoltas murieran mientras volaron con él. Su credo de combate era: «Ver - Decidir - Atacar - Romper contacto». Para Hartmann, los combates de piruetas («dogfight» en inglés; «Kurvenkampf» en alemán) eran «una pérdida de tiempo».

El número de victorias aéreas reivindicadas por Hartmann ha sido discutido tanto por historiadores anglosajones como soviéticos. Sin embargo, un análisis objetivo de los datos revela que las victorias reclamadas por Hartmann, en proporción con el número de combates aéreos en los que participó, es modesto si se compara con los reclamos de victorias de docenas de pilotos de la Luftwaffe y de las fuerzas aéreas aliadas.

Biografía recogida en el libro CABALLEROS DE LA MEDALLA DEL HONOR. y una más extensa en DIAMANTES DE LA CRUZ DE HIERRO.

Nota: Las biografías aquí recogidas son un resumen de las aparecidas en el libro citado.

miércoles, 13 de abril de 2011

Otto Guille, Herbert


Otto Gille, Herbert, nació el 8 de marzo de 1897 en Gandersheim (Alemania). General alemán que consiguió la Cruz de Caballero con Hojas de Roble, Espadas y Diamantes además de la Cruz Alemana de Oro, siendo el miembro del las Waffen-SS más condecorado de toda la Segunda Guerra Mundial.


Gille comenzó su carrera militar como teniente primero en una unidad de artillería durante la Primera Guerra Mundial. Ganó en combate la Cruz de Hierro de segunda y Primera Clase. Abandonó el ejército en 1919 y continuó con su vida civil dedicándose a la agricultura y a la industria del automóvil hasta 1931, cuando se unió al partido nazi y las SS.


En 1934, fue destinado para servir en las fuerzas de apoyo de combate de las SS ante el inminente conflicto que cada vez se iba a acercando más. Se convirtió en comandante de una compañía en Ellwangen, y más adelante en comandante de un batallón de la división SS Germania en Arolsen. Más tarde sirvió como comandante de una unidad de artillería en Juterbog. Como comandante del Primer Batallón de la 5ª División de las SS de Artillería, Gille participó en la invasión de Polonia y en la campaña occidental. Fue durante la invasión a Polonia donde las SS comenzaron a realizar los fusilamientos masivos contra judíos y civiles, cometiendo atrocidades con la población, además de numerosos crímenes contra la Humanidad. Guille no participó en ninguna de esas ejecuciones masivas, realojamientos por la fuerza de la población civil o represalias contra civiles indefensos, aunque era más que seguro que supiera de todos esos actos o al menos lo sospechara.


Después del ataque a la Unión Soviética, Gille, como líder de tropa de las tropas de las SS de vanguardia, llegó el primero a Kuban, aniquilando todas las defensas rusas que se encontró por el camino. Gracias a esta acción, recibió la Cruz de Caballero el 8 de octubre de 1942. Poco después, tomó el mando de la División Viking (5 ª Panzer SS) en el Frente Occidente, consiguiendo las Hojas de Roble para la Cruz de Caballero en 1943, y las Espadas en 1944, ganando dichas condecoraciones por su arrojó y capacidad de improvisación en el campo de batalla. Gille recibiría los diamantes para su Cruz de Caballero, el 19 de abril de 1944, por su notable participación en una retirada de notable éxito.


Poco después de la retirada de Cherkasy, Gille y los miembros de su personal fueron trasladados a la ciudad cercada de Kovel para organizar su defensa. Tomó el mando de la división de las SS Totenkopf de Panzers, la cual se encontraba fuertemente posicionada en la frontera de Prusia Oriental, en el momento en el que comenzó la ofensiva rusa de otoño de 1944, cuyo objetivo era llegar a Berlín. Gille y la división lograron destruir un gran número de tanques soviéticos y desbarataron la ofensiva soviética, quienes tuvieron que retirarse tras sufrir enormes bajas.


Cuando el final de la guerra era claro, Gille marchó con lo que quedaba de sus divisiones al encuentro de las tropas de EE.UU., con el fin de evitar ser capturado por las fuerzas soviéticas, consciente de que lo que les podría pasar a sus hombres y a él mismo si eso ocurría. Estuvo prisionero de los americanos tres años, y fue puesto en libertad en mayo de 1948.


Después de la guerra, trabajó para un periódico hasta 1958. Su tumba ya no existe. Un triste olvido para uno de los veintisiete militares alemanes que consiguió la Cruz de Caballero con Hojas de Roble, Espadas y Diamantes. Biografía recogida en el libro CABALLEROS DE LA MEDALLA DEL HONOR. y una más extensa en DIAMANTES DE LA CRUZ DE HIERRO. Nota: Las biografías aquí recogidas son un resumen de las aparecidas en el libro citado.

Balck, Hermann


Balck, Hermann nació el 7 de diciembre de 1893 en Danzig-Langfuhr en Alemania. Balck fue un general de renombre, además de ser muy respetado por sus compañeros de armas. De él, Rommel dijo lo siguiente:

«Si Manstein fue el estratega más importante de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, Balck tiene todas las cualidades para ser considerado como nuestro mejor comandante de campo. Tiene una excelente comprensión de las tácticas de combate y posee sobradamente las necesarias cualidades de liderazgo»

Balck fue un firme defensor de su forma de tomar decisiones en combate. Siempre se encontraba al frente de sus tropas, y si sus unidades tenían que realizar grandes esfuerzos o sacrificios en primera línea cuando eran necesarios, a Balck no le temblaba la voz a la hora de dar dichas órdenes. Además solía realizar visitas a los regimientos para mantener la moral bien alta, e incluso en algunas ocasiones hacia varias visitas en un mismo día a uno u otro destacamento si la situación lo requería. En combate se mantenía en contacto por radio con su personal todo el tiempo posible, a través de un enlace de radio con el cuartel general de la división, que se mantenía estática unos kilómetros en la retaguardia, a salvo del fuego enemigo.

Balck ingresó en el ejército imperial alemán en 1913 como candidato a oficial. Sirvió como oficial de reemplazo durante la Gran Guerra, y cuando llegó el fin de la contienda se encontraba al mando de una compañía de ametralladoras. Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Balck pasó al OKH y fue trasladado al mando del Schützenregiment I .

Más adelante fue transferido a la División Panzer del Grupo Panzer de Guderian, a finales de octubre de 1939, justo a tiempo para participar en la invasión de Francia. Su unidad participó activamente en el plan alemán «Schlieffen 12», y la lideró de forma brillante logrando crear una cabeza de puente en el río Mosa en Sedan el 13 de Mayo de 1940, siendo de los primeros alemanes en llegar a tal destino, tomar posiciones y facilitar la invasión al resto del ejército alemán. Balck tomó ventaja sobre los aliados tras un fortísimo ataque aéreo sobre la posición del río, haciendo cruzar a sus hombres en barcas a través de un fuerte temporal de lluvia y viento, logrando capturar un tren de aprovisionamiento enemigo y a su vez asegurar la zona para que su unidad pudiera ser abastecida sin dificultades. Por esta notable acción, Balck sería posteriormente condecorado con la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro.

Durante el invierno y la primavera de 1940 a 1941, y gracias a sus éxitos, se le concedió el mandó del tercer regimiento Panzer durante la Batalla de Grecia, y más tarde el de la segunda brigada.

Después de aquello marcha al Frente Oriental donde tomó el mando de la 11a División Panzer en Ucrania y Rusia meridional donde es ascendido a Mayor General. En este destino, Balck dio muestras de ser un gran estratega, actuando con inteligencia y elegancia, especialmente durante el contraataque ruso en la ofensiva de diciembre de 1941. E

Después de una breve temporada en Italia, consiguió el mando del 48º Cuerpo Panzer en el este en diciembre de 1943, y, finalmente, el del 4º Ejército Panzer en agosto de 1944. Durante este tiempo, su División Panzer trabajó en la defensa contra el avance soviético en Stalingrado en el intento de aliviar el cerco a la ciudad a finales de 1942, la defensa contra el avance soviético en todo el Dniéper, y el contraataque en Zhitomir. En noviembre de 1943, la misión de Balck, planeada por el Coronel General Erich Rauss, el comandante del Cuarto Ejército Panzer, fue la recuperación de Zhitomir y la estabilización del Frente Oeste de Kiev. Para ello se le dio la mayor concentración de tanques disponibles, incluida la 1ª, 7ª, 19ª y 25ª Divisiones Panzer, la 1ª División Panzer SS LSSAH y un grupo de batalla de la 2ª División Panzer SS Das Reich, además de la 68ª División de Infantería. Siguiendo la tradición alemana, Balck y von Mellenthin, comandante del cuerpo y jefe de personal del Cuerpo Panzer XLVIII respectivamente, se sentaron por separado para preparar el asalto y luego se reunieron para aceptar los mejores planes, independientemente de quien los hubiera trazado.

El Cuerpo Panzer XLVIII avanzó hacia el norte a Zhitomir, rompiendo la defensa de blindados a través de la línea soviética el 15 de noviembre, con la División Panzer LSSAH protegiendo el flanco derecho. Una división rusa blindada, la 3ª, intentó organizar un contraataque al este de Zhitomir y Balck, de inmediato, tomó la decisión de atrapar al ejército enemigo en un círculo. A lo largo de las veinte millas del frente, la LSSAH martilleó con fuego concentrado a los rusos desde el oeste, que sirvió para desviar su atención en esa dirección. El 24 de noviembre el enemigo completamente eliminado.

El 15 de diciembre, el XLVIII Cuerpo Panzer se encontraba posicionado para defenderse de lo que se creía iba a ser una ofensiva rusa y Balck ordenó a sus divisiones efectuar fuego artillero contra tres zonas diferentes con la intención de desanimar al enemigo. Sin embargo, los rusos no se dejaron intimidar, y cuando se encontró un mapa en el cuerpo de un oficial soviético, quedó claro que el XLVIII Cuerpo Panzer estaba haciendo frente a tres ejércitos blindados y, al menos, a cuatro de infantería. Balck abandonó su intento de efectuar un nuevo cerco y se retiró .Por todas estas exitosas acciones, obtuvo las hojas de roble para la Cruz de Caballero el 20 de diciembre de 1942, y las espadas el 4 de marzo de 1943.

Se le encargó la defensa contra una nueva ofensiva soviética durante el invierno-primavera de 1944 en el oeste de Ucrania.

Balck asume el mando de la 4º Cuerpo Panzer en agosto de 1944. Contraataca a las fuerzas soviéticas cerca de Baranov, destrozando magistralmente la ofensiva rusa cerca del Vistula. Esta acción tan increíblemente acertada es la que le valdría los Diamantes para su Cruz de Caballero.
Después de aquello, Hitler le selecciona directamente para dejar el mando del 4º Ejército Panzer en Polonia, y tomar el control del Cuerpo de Ejército G en la región de Alsacia en Francia en septiembre de 1944, donde ostentó el mando sucediendo a Blaskowitz, que se hizo responsable de la pérdida del sur de Francia. Su misión era muy sencilla, frenar a toda costa los avances del 3º y 7º Ejército norteamericano, tratando de frenar todo lo posible a Patton mientras se preparaba la ofensiva de las Ardenas.

A finales de diciembre Balck fue relevado de su mando, siendo otra víctima más de las intrigas política del líder de las SS Heinrich Himmler. Gracias a la mediación de Guderian, Balck es trasladado de nuevo al Frente Oriental y degradado del mando, terminando la guerra como Generaloberst der Panzertruppen 16 al mando de un mero sub-ejército, el recién reconstruido 6º Ejército alemán (que además tenía el control operacional de los dos Cueros de Ejército húngaros) que luchó frente a los rusos en Hungría. Intentó por todos los medios recuperar Budapest, pero finalmente tuvó que retirar sus tropas a Austria. Balck se rindió en Austria al Mayor General Morace McBride, comandante del 20º Cuerpo de Ejército norteamericano un 8 de mayo de 1945.

Finalmente, murió el 29 de noviembre de 1982 uno de los mejores estrategas de toda la Segunda Guerra Mundial, uno de los únicos 27 portadores de una Cruz de Caballero con Hojas de Roble, Espadas y Diamantes.

Biografía recogida en el libro CABALLEROS DE LA CRUZ DE HIERRO y una más extensa en DIAMANTES DE LA CRUZ DE HIERRO.

Nota: Las biografías aquí recogidas son un resumen de las aparecidas en el libro citado.

R. Nininger Junior, Alexander


R. Nininger Jr., Alexander, Sandy, nació en Gainsville, Georgia en el año 1918, siendo sus padres Emily Myrtle (Craig) Willard y Alexander R. Nininger Senior. Creció en el seno de una familia acaudalada, dado que su padre era propietario de un cine en la localidad de Lake Worth (Florida), un negocio muy floreciente por aquellos años. Sandy coleccionó durante su juventud los billetes de las películas que se estrenaron en el cine de su padre.


En un viaje a Nueva York con sus padres, siendo aún un niño, vio a un grupo de cadetes con sus brillantes uniformes marchar, tal vez por algún evento militar o alguna celebración importante como el 4 de julio. Aquello le impresionó tanto que decidió que sería militar el día de mañana.
Su apelativo de "Sandy" se debía a que tenía el pelo rubio-rojizo, y esa palabra designa a dicho color en inglés. También desde pequeño, el joven Alexander hablaba francés con fluidez, y además le gustaba escribir poesía en secreto. Nada más terminar sus estudios en el instituto siente la vocación de las armas, por lo que decide emprender la carrera militar en la Academia de oficiales de West Point, el centro de enseñanza para oficiales más famoso y prestigioso de Estados Unidos. Se graduó muy posiblemente en mayo de 1941, habiendo alcanzado el rango de Segundo Teniente durante su formación.

Gracias a los recuerdos de su sobrino, podemos reconstruir parte de su vida posterior antes de marcharse en noviembre de ese año a las Filipinas. Tras conseguir un permiso de varios meses, estuvo con sus familiares más cercanos, y visitó a parte de su familia en Canadá. Tras disfrutar de ese breve permiso con sus familiares, marchó a las Filipinas en noviembre de ese mismo año, donde pasaría a formar parte del 57º Regimiento de Infantería de la unidad conocida como Philippine Scouts.


De hecho, Nininger comenzó a colaborar con las defensas porque Sandy llegó a las Filipinas con el último contingente de tropas americanas antes del asalto japonés a la región que ocurriría el 8 de diciembre de 1941. Este dato lo conocemos gracías al Coronel Olson, el cual reside hoy en día en San Antonio.

Después de que los japoneses lanzaran su asalto sobre Baatan, Nininger decidió unirse voluntariamente a otra compañía porque aún no había entrado en combate. Tal era el ímpetu del joven oficial que no desea esperar un segundo más para entrar en acción.

Su nueva unidad marchó contra los japoneses en las cercanías de Abucay. Quedaban pocos días para su cumpleaños, aunque la verdad es que en ese mismo momento estaba más pendiente de los hombres que comandaba que de futuras celebraciones. Comandado una unidad de la Compañía K de su mismo regimiento, su pequeño grupo de hombres fue atacado por tropas enemigas abrumadoramente superiores en efectivos y en potencia de fuego.

Aparecían francotiradores japoneses en los árboles y en los foxholes11 comenzaron a disparar desde todas partes a su unidad. Los americanos lanzaron un contraataque que fue fácilmente repelido por los japoneses mientras estos continuaban mermando a las tropas norteamericanas. Sus hombres estaban completamente rodeados y si no se hacia algo rápidamente todos resultarían muertos. Sin pensarlo dos veces, el Segundo Teniente Nininger se abalanzó contra una posición enemiga cargado con su rifle y granadas. Al llegar al primer fuerte enemigo lanzó varias granadas y destruyó algunos foxholes antes de continuar a la siguiente posición. Herido de bala, continuó avanzando, y una vez más resultó herido. Alcanzó su nuevo objetivo, y de nuevo volvió a destruir la fortificación japonesa tras un duro combate cuerpo a cuerpo contra varios soldados.

A pesar de sus heridas, continuó su ataque contra una tercera posición lanzando granadas, a la vez que era herido una vez más en el mismo momento en el que tres enemigos se lanzaban contra él: dos soldados japoneses y un oficial con su katana desenvainada.

Los estadounidenses tuvieron que replegarse, dejando allí al joven oficial. Cuando las tropas aliadas regresaron tras pacificar y controlar la zona, encontraron el cuerpo sin vida de Nininger que estaba en el suelo a una distancia bastante considerable de las antiguas líneas americanas, pues había avanzado totalmente solo, sin cobertura de ningún tipo contra las fortificaciones niponas.

Al lado del cadáver encontraron los cuerpos inertes de dos soldados japoneses y el cuerpo sin vida del oficial japonés… y a su lado, una katana que antaño blandía orgulloso el difunto oficial del sol naciente que ahora era guardada en la mochila de un soldado americano.

Nininger fue condecorado póstumamente con la Medalla de Honor del Congreso por su valerosa acción. Aunque fue gravemente herido en tres ocasiones y pese a soportar un terrible fuego enemigo, avanzó y destruyó varios grupos de foxholes, abatió a una cantidad indeterminada de francotiradores y eliminó tres posiciones fortificadas.

De esta forma Nininger pasaría a la historia como el primer norteamericano del U.S. Army en recibir la Medalla de Honor durante la Segunda Guerra Mundial.

Biografía recogida en el libro CABALLEROS DE LA MEDALLA DEL HONOR.
Nota: Las biografías aquí recogidas son un resumen de las aparecidas en el libro citado.

Allerberger, Josef "Sepp"

Allerberger, Josef "Sepp", nació cerca de Steiermark, Austria, el 24 de diciembre de 1924. Hay que hacer constar que en sus memorias, Allerberger indica que nació en septiembre, pero su partida de nacimiento esta fechada en diciembre, quizás por retraso de los padres en inscribir al recién nacido en la localidad. Hijo de un carpintero local, su niñez y adolescencia fue normal, sin nada especial que reseñar más allá de su particular carácter.

A los dieciocho años ya estaba familiarizado con la profesión de su padre, y posiblemente hubiera trabajado el resto de su vida en el taller si el estallido de la 2ª Guerra Mundial no hubiera dado al traste con la situación de Austria y Alemania. De todas formas, Allerberger no se enroló en el ejército hasta diciembre de 1942, para comenzar ya a reforzar los ejércitos nazis que operaban en múltiples frentes de batalla.

El 18 de julio de 1943, tras el periodo de instrucción, fue enviado al Frente del Este con el 2º Batallón de la 144ª División de Montaña. En un principio comenzó actuando como operador de ametralladora, lo que parecía indicar que Allerberger pasaría la guerra como un simple soldado más de Infantería, hasta que un incidente cambió radicalmente su destino y le convirtió en uno de los tiradores más letales y peligrosos de toda la guerra, con 257 bajas acreditadas en su hoja de servicios.

Sólo estuvieron a su altura en cuanto a efectividad su amigo y compañero de unidad, Matthaüs Hetzenauer en las filas alemanas, y en las rusas hubo varios tiradores que sí le superaron, pero sin embargo Vasily Zaitsev, el tirador ruso más famoso de toda la contienda quedó por debajo de Allerberger en 32 objetivos. Durante las terribles batallas que se dieron por dominar la ciudad rusa de Stávropol , que comenzaron el 3 de agosto de 1942 y concluyeron el 21 de enero de 1943 (Allerberger entraría a mediados de la campaña), que causaron enormes daños entre la población civil y luchas encarnizadas entre alemanes y soviéticos, Allerberger entró en contacto con la cruda realidad y los horrores de la guerra, como él mismo nos relata en sus memorias:
«Tras cinco días de intensos combates perdí los últimos vestigios de mi inocencia juvenil. Los horrores de la guerra dejaron huellas en mi rostro, envejecí diez años. Nuestra unidad se vio reducida de veinte a tan sólo siete compañeros. Del grupo inicial al que pertenecía quedábamos el comandante y yo. Perdí la noción del tiempo, al igual que el miedo. Ya no mostraba compasión hacia el enemigo. Me convertí en un producto de la situación que me tocó vivir, siempre impulsado por el primitivo instinto de supervivencia, eternamente hambriento y sediento.»
En un momento determinado del combate resultó herido de manera leve en una mano, pero lo suficiente para que tuviera que ser evacuado a un hospital de campaña para recuperarse. Allerberger se propuso no tener que volver a ser a operador de ametralladora, ya que le parecía un destino realmente duro. Siendo carpintero, logró entrar al servicio del oficial armero como ayudante para reparar las armas.

Mientras se curaba de las heridas, en el taller de reparaciones, curioseó entre el material tomado a las tropas rusas, bien de sus muertos o cogido del campo de batalla abandonado por los soviéticos en sus retiradas. Le llamó la atención un fusil de tirador, un rifle Nagant 91/30 con mira telescópica de PU 3.5x y de cerrojo, un arma con una gran historia pues ya se utilizaba con anterioridad a la Primera Guerra Mundial y que era mundialmente conocido por su fiabilidad y robustez de diseño. La Unión Soviética producía el Nagant por millones y equipaba con él a sus soldados, pero pronto cobraría fama por ser el arma preferida de los tiradores de élite. A modo de anécdota, el mayor tirador de la 2ª Guerra Mundial, Simo Häyhä (505 bajas), que militaba en las filas finlandesas, utilizaba un rifle Nagant sin mira telescópica y cuando sus oficiales le dieron la posibilidad de que tuviera otros fusiles mucho más potentes y modernos, Häyhä, rotundo, se negó a desprenderse de su Nagant. El mismo Allerberger nos cuenta que pasó por su cabeza al tomar el arma:

«Por supuesto, era una señal del destino que entre las armas de ese tipo, me encontrara con un fusil de francotirador ruso. Nada más verlo, me apresuré a preguntarle al sargento de armas si era posible practicar con él.»

Allerberger aprovechó para practicar con el rifle, tirando a varias dianas en un campo de tiro y haciendo blanco prácticamente siempre, realizando increíbles dianas que llamaron de inmediato la atención de los oficiales. Le hicieron repetir una serie de ejercicios de disparo y cuando se comprobó que no era fruto de la casualidad, se dieron cuenta que en el soldado existía un talento bruto que debía ser pulido cuanto antes. No obstante, debido a las exigencias de la guerra que demandaba constantemente más soldados, Allerberger fue enviado de nuevo al frente, pero esta vez llevó con él el fusil Nagant, con el que causó 27 muertos entre las filas rusas, varios de ellos oficiales.
Estos éxitos volvieron a llamar la atención de sus superiores y enviaron al soldado a la escuela de tiradores de Seetaleralpe, campamento militar con una extensión de 30 kilómetros de largo y unos 12 de ancho situado cerca de Seetaler, en Los Alpes, donde comenzó de inmediato su formación y entrenamiento para convertirse en un letal tirador. Su entrenamiento lo llevó a cabo con un fusil alemán Mauser K98 equipado con un visor de 6 aumentos. Para entonces, gracias a sus valerosas acciones, Allerberger fue premiado con la Cruz de Hierro de 2ª y 1ª clase, además de la Medalla de Asalto de Infantería (Infanterie Sturmabzeichen).

Aunque de esto ya se hablara en el anterior volumen de CABALLEROS, no esta de más aclarar que un tirador de la 2ª Guerra Mundial no es lo mismo que un francotirador tal y como lo conocemos hoy en día. Los francotiradores actuales, además de causar bajas entre la tropa enemiga, también se emplean en ocasiones para llevar el terror a la poblacion civil, sin importar a quien se dispare, como por ejemplo pasó en la guerra de la extinta Yugoslavia entre los años 1991 y 2001. Un tirador de la 2ª Guerra Mundial no disparaba a objetivos civiles (excepto en contados casos y siempre contraviniendo las órdenes) sino que su preferencia eran los oficiales enemigos y en menor medida los soldados rasos. Tambien se empleaban para frenar determinadas ofensivas del enemigo, ya que un sólo tirador era capaz de efectuar varias bajas en apenas dos minutos y causar el pánico y desorientacion en las unidades enemigas.

Nueve meses más tarde, tras finalizar el periodo de instruccion, Allerberger es enviado al frente ya como tirador de campo. Utilizó diferentes modelos de fusil durante la contienda. Se sabe que empleó en varias ocasiones armas soviéticas, aunque luego terminaría usando un rifle modificado Mauser 98 con mira telescópica de recarga manual, muy lento, pero mucho más fiable para disparar con precisión que el modelo automático. Otras veces utilizaría un rifle semi-automático Gewehr 43 o Karabiner 43, también bastante fiable y de robusto diseño. Con estas armas era sencillamente letal en distancias que rondaran de 100 a 400 metros. No obstante, el mismo Allerberger nos explica en sus memorias que siempre que le era posible sus víctimas eran oficiales superiores, aquellos tan odiados tanto por alemanes como por los propios rusos. No gustaba de disparar a los soldados rasos, a quienes veía como "compañeros" de armas, pero desde luego no le temblaba el pulso a la hora de hacerlo si con ello le iba la vida y la de sus camaradas alemanes. Fue amigo personal de Matthaüs Hetzenauer, el tirador ya mencionado, y entre ambos existía cierta rivalidad amistosa a propósito de una competición llevada entre los dos a cuenta de quien podría abatir a más rivales. A veces llegaron a trabajar juntos, llevando el terror y la muerte a los escuadrones rusos que prácticamente soñaban pesadillas cuando escuchaban la tan fatídica palabra de "¡Tirador!".

Para poner un ejemplo de la terrible efectividad de estos dos temibles tiradores, en cierta ocasión Allerberger y Hetzenauer estaban destinados en un pequeño pueblo en un bosque del Frente del Este con las órdenes de frenar el avance de una numerosa columna de infantería rusa que pasaría por allí en breve. Los dos alemanes causaron múltiples bajas con tiros certeros a lo que los rusos respondieron con dos cargas de infantería contra las posiciones de los tiradores que fueron rechazadas cuando los rojos flaquearon en su ímpetu. Finalmente, los rusos se retiraron incapaces de pasar por el pueblo al creer que numerosos alemanes estaban emboscados allí y que serían exterminados si se empeñaban en conquistar la posición.
El propio Allerberger nos vuelve a explicar en sus memorias el porque de tantos éxitos. Se debía a una serie de principios fundamentales para la supervivencia del tirador que le inculcaron durante su entrenamiento y que él procuró llevar siempre a rajatabla: elección de la posición ideal para el disparo, la capacidad para salir de dicha posición con la mayor rapidez y seguridad posible, la posibilidad de tener otra posición en caso de que la primera no pudiera ser utilizada, varias vías de escape y el abatir a un blanco de un solo disparo, a lo sumo dos; si se falla, nunca empecinarse y darlo por perdido. Por supuesto, el camuflaje era esencial, junto con un buen equipo que pudiera soportar todo tipo de daño en todo tipo de terreno y clima. Eso, unido al coraje, la precaución, a una mente fría y el saber elegir el blanco adecuado hicieron de Allerberger uno de los mejores tiradores del conflicto pero, sobre todo, le permitieron sobrevivir y contarlo.
Uno de los métodos favoritos de Allerberger para camuflarse era un paraguas, que aunque suene raro leerlo era bastante sencillo de utilizar y muy práctico. Pegaba en el paraguas todo tipo de ramas, hojas, hierba o lo que fuera menester, luego lo abría y se parapetaba detrás de él tumbado o subido a un árbol. De esta manera tan simple, era capaz de camuflarse con el entorno y ser invisible ante los ojos del enemigo incluso a corta distancia. Los paraguas de Allerberger fueron famosos en toda Alemania y en varias entrevistas que concedió para la propaganda nazi de entonces explicó que además eran muy fáciles de llevar a cuestas.
Otras de las cuestiones que Allerberger solía tener a la hora de combatir era dejar atrás los remordimientos de conciencia ante su macabro trabajo. La preparación psicología era fundamental para poder asesinar a una persona con un fusil de tirador de manera fría y metódica. En esta cuestión, Allerberger, en su libro, fue muy crítico con los modernos francotiradores, a los que se les enseña más que nada a camuflarse, manejar el equipo y poco más, pero no se les prepara a ser personas fuertes, con un marcado honor que les impida enseñarse con la población civil. No obstante, el mismo Allerberger, pese a sus reparos a disparar a soldados rasos, no tuvo más remedio que emplear en ocasiones tácticas brutales para poder seguir con vida o rechazar las no menos brutales oleadas del enemigo, un enemigo aún más implacable y sangriento que el mismo soldado nazi, lo que ya era mucho decir.

Según la experiencia de Allerberger, en combate real sólo el 90% de los disparos eran factibles entre distancias de 500 a 150 metros. Para más de 800 metros era casi un milagro poder acertar en el blanco, aunque él lo consiguiera en más de una ocasión, pero era debido a una serie de aciertos encadenados: buena visibilidad, la víctima permanecía quieta, sin viento, etc. Los tiradores de ambos bandos solían disparar de forma masiva al cuerpo, no a la cabeza, pues así la probabilidad de acertar de un disparo era mucho más elevada, dando la oportunidad de poder moverse a otra posición y escapar con vida. No hay que olvidar que una vez localizado un tirador era muy difícil que este pudiera escapar con vida del apurado trámite. Disparando al bulto se eliminaban factores como la visibilidad y la distancia por ejemplo, aunque desde luego era algo que no gustaba demasiado a Allerberger dado que no era seguro que la víctima muriera rápidamente, sino que era más normal que antes agonizara. Una vez más, la dura y cruel realidad de la guerra golpeaba a Allerberger endureciendo su corazón y alma. Allerberger nos cita decenas de ejemplos en los que el fuego de los tiradores les permitía detener el ataque de fuerzas enemigas muy superiores. Para poder realizar tales acciones, era necesario emplear tácticas brutales pero efectivas.

«Yo no prestaba atención a las primeras tres o cuatro líneas de enemigos que se abalanzaban a la carga contra nuestras posiciones, pobremente defendidas, sino a los soldados que avanzaban detrás de dichas líneas. Les disparaba al estómago, caían al suelo dando espantosos gritos. Sus compañeros que marchaban en retaguardia sentían pánico al ver a sus camaradas caídos en el suelo desangrándose, mientras las primeras líneas, al escuchar los alaridos a sus espaldas, perdían el ímpetu de la carga y solían detenerse. Entonces disparaba a la primera línea de soldados enemigos a la cabeza o al corazón. En ese momento el miedo se apoderaba de los rusos y sólo deseaban huir lo más rápido posible, abandonando a veces incluso a los heridos. Así he detenido cargas soviéticas, aunque los gritos de los heridos eran espantosos y me acompañarán para siempre. Es el horror de la guerra y mi alma en ese momento era de piedra, amoldada a las circunstancias terribles que me tocaron vivir. Además, sabía de sobra lo que nos esperaba a los soldados alemanes que caíamos prisioneros de los rusos. Eso me hacía tener menos piedad de ellos.»

En verano de 1944 su comandante de regimiento le recompensó con unas merecidas vacaciones en Alemania, para que dejara atrás por unas semanas los horrores del frente. Ese tiempo Allerberger lo empleó para seguir formándose como tirador en diferentes cuerpos especiales. Debido a sus éxitos, no pudó escapar de la fama, ya que Joseph Goebbels, a través del Ministerio de Propaganda nazi, publicó varias de sus fotografías en diferentes medios de comunicación. Allerberger se vió obligado a realizar conferencias, charlas, entrevistas por la radio y a atender las numerosas jóvenes alemanas que le escribían cartas de admiración. No obstante, ese período terminó, las exigencias de la guerra hacían imposible que el tirador se ausentara por más tiempo de la batalla.

De nuevo, Allerberger marchó al Frente del Este para luchar contra los rusos, aumentando su cuenta particular de objetivos. Pero la guerra ya estaba perdida y sólo era cuestión de tiempo que Alemania capitulara. Al igual que otros tiradores, Allerberger intentó no caer prisionero de los rojos. Sabía que por su condición de tirador no tendría juicio ni sería tratado con humanidad, todo lo contrario, fusilado de inmediato o conducido a un gulag para ser torturado y encarcelado de por vida. Con otros soldados y oficiales alemanes, Allerberger se internó en los profundos bosques de Prialpiyskih, donde estuvieron vagando durante dos semanas hasta que se enteraron del fin de la guerra. Luego, con mucha precaución, cada cual logró llegar a su ciudad o pueblo natal. Allerberger consiguió llegar a su región y escapar de la cárcel o de un destino peor. Tomó el negocio de su padre y fue carpintero hasta el fin de sus días.

Meses más tarde recibiría una grata sorpresa: el 20 de abril de 1945 le fue concedida por sus méritos en combate la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro por el mariscal de campo Ferdinand Schörner, comandante del grupo de Ejércitos Centro. El problema es que días más tarde terminó la 2ª Guerra Mundial y el mariscal Schörner se vio incapacitado para tramitar (mediante formulario legal) la concesión de la Cruz de Caballero, algo que no era de extrañar pues no sólo le ocurrió a Allerberger. Durante los últimos días de la Alemania nazi se concedieron diferentes medallas, en ocasiones en el mismo campo de batalla soportando el fuego enemigo. Algunos soldados pudieron ser dueños de su condecoración, otros tuvieron que esperar un tiempo hasta que la tuvieron en su poder y unos menos nunca las llegaron a recibir.


Biografía recogida en la obra CABALLEROS DE LA CRUZ DE HIERRO EN GUERRA.