martes, 29 de abril de 2014

Héroes inusuales: G. I. Joe, la paloma de guerra más famosa de la Historia

Saludos amigos,

     Volvemos con nuestra sección en el blog dedicada a los héroes de guerra más inusuales de todos, los animales. En esta ocasión volvemos a hablar de ellos, y más concretamente de G. I. Joe, la paloma mensajera más famosa de la Historia.

     Nuestro protagonista nació en la ciudad de Árgel un 24 de marzo de 1943, y a fé que cuando salió del cascarón jamás habría pensado que se convertiría en la paloma más famosa de la Historia, al menos para el pueblo norteamericano, dado que fuera de sus fronteras su historia es bastante desconocida.

     
G. I. Joe en manos de su cuidador, el sargento Harry Lucas

     G. I. Joe había nacido en un criadero de palomas destinadas a servir para el ejército de los Estados Unidos durante la 2ª Guerra Mundial, por lo que, por lo tanto, podíamos decir que era una predestinada a participar en la la guerra en el mismo momento de su nacimiento, ¡como si de una paloma "espartana" se tratara!

     G.I. Joe pasó a formar muy pronto del United States Army Pigeon Service, es decir el Servicio de Palomas del Ejército de los Estados Unidos, junto co otras más de 54.000 reclutas forzosas que sirvieron en las filas estadounidenses. 

      Nuestro protagonista comenzó a trabajar pronto en los frentes del norte de África, concretamente en la ciudad de Túnez y Birzete, aunque muy pronto sus servicios fueron requeridos en Italia, donde ya fuerzas norteamericanas luchaban contra fuerzas alemanas tratando de reconquistar el país y liberarlo de la influencia germana. 

     La batalla por el control de Italia rugía con intensidad. Los británicos enviaron varias fuerzas para apoyar el esfuerzo americano, y la  56ª División de Infantería de Londrés , hizo un gran logró penetrar la líneas alemanas , colocándose en una posición muy ventajosa en la retaguardia del enemigo. 

Para poder entender el desarrollo de la historia hay que recordar que el método desplegado por los aliados para avanzar era utilizar los ataques aéreos contra las ciudades y pueblos que tuvieran fuertes defensas alemanas y luego terminar el trabajo enviando fuerzas terrestres . La 56ª División Británica tenía programado atacar la ciudad italiana de Colvi Vecchia , a las 10:00 horas el 18 de octubre de 1943. Antes de esto el Comando de Apoyo Aéreo EE.UU. tenía programado el bombardear la ciudad para facilitar la entrada de las tropas británicas castigando las defensas alemanas.

Los británicos entraron en la ciudad antes de lo previsto muy poco después de que los alemanes se retiraran a líneas de defensa más lejos del frente. Dejaron una pequeña fuerza de retaguardia  que fue eliminada rápidamente por los británicos, tomando así el control de la ciudad. Desafortunadamente los intentos de cancelar el bombardeo programado fracasaron y el intento de comunicación por radio resultó imposible. Por lo tanto se barajó la posibilidad de enviar un correo,  un corredor,  pero parecía imposible que un corredor fuera capaz de recorrer los 32 kilómetros que separaban la ciudad de Colvi Vecchia del aeródromo con tan escaso margen. En 20 minutos  la ciudad iba a ser bombardeada. Los comandantes de la 56ª División debían de tomar una decisión, y rápido. Si se retiraban de la ciudad esta volvería a caer en manos alemanas, y así la iniciativa táctica volvería a estar del lado del enemigo. Otra opción era soltar una paloma, con la esperanza de que esta fuera capaz de cubrir la distancia en esos 20 minutos para evitar el bombardeo. 

Finalmente la segunda opción fue la tomada y la paloma escogida para tal importante tarea fue G. I. Joe, a la cual se le ató el mensaje en la pata y se la soltó para que volará lo más rápidamente posible hacía el aeródromo norteamericano. Los mandos británicos no dieron la alarma a la población civil ni a la tropa para evitar un ataque de pánico. Como hubiera dicho Julio Cesar:  Alea Jacta Est.

Mientras, en la base aérea de los Estados Unidos, los bombarderos estaban listos, cargados de explosivos y en formación para levantar el vuelo, en el preciso momento en el que la paloma llegaba a su caseta y un soldado desenrollaba el mensaje de su pata inmediatamente. Los americanos pudieron leer el mensaje a tiempo gracias a G. I. Joe que pudo ser capaz de cubrir esos 32 kilómetros a una velocidad media de 96 kilómetros por hora., salvando así la vida de los soldados británicos y de, no hay que olvidarlo, los civiles italianos.

     Este hecho haría que la paloma estadounidense fuera condecorada con la Medalla entregada a animales más importantes del mundo, la Medalla Dickin, la también llamada “Cruz de la Victoria para animales”. En la concesión de la Medalla Dickin a G. I. Joe podemos leer lo siguiente:

     <Se ha reconoce a esta paloma el realizar el vuelo más destacado  por una paloma del ejército de  EE.UU.  durante la Segunda Guerra Mundial.  La paloma hizo un  vuelo de 20 millas desde el Cuartel General del 10º Ejército británico en el mismo número de minutos.  Llevo un mensaje que llegó justo a tiempo para salvar la vida de al menos 100 soldados aliados de ser bombardeados por sus propios aviones.>

G. I. Joe, luciendo orgullosa su medalla.

Después de la guerra el palomo se convirtió en un todo un héroe nacional.  Tras la guerra fue alojada en el Churchill Loft, también conocido como el Salón de la Fama, en Nueva Jersey con otras 24 palomas “héroes de guerra” . En marzo de 1957 fue trasladada a los jardines zoológicos de Detroit donde pasaría sus últimos días, falleciendo el 3 de junio de 1961. G. I. Joe fue disecada y hoy puede ser vista en el Centro Histórico de Fort Monmouth, en Nueva Jersey. 
      

domingo, 27 de abril de 2014

- Héroes Olvidados XIX: Nugisek, Harald, el D' Artagnan de los 4 mosqueteros de Estonia -



Saludos amigos,

      Con estupor, odio y con la incomprensión de un ciudadano del siglo XXI uno observa las exaltaciones patrioticas y homenajes que reciben los veteranos de las Waffen-SS en las Repúblicas Bálticas. Obviamente, el entendido de este cruel conflicto entiende que estas exaltaciones se deben a que aquellos ciudadanos decidieron luchar junto a los alemanes para defender su patria de las fuerzas soviéticas. Obviamente cada persona es un mundo, y quizás, algunos los hicieran por venganza, otros por ideales, u otros por el simple objetivo de querer su tierra libre  del yugo soviético. ¿Hubiera sido mejor estar bajo el yugo alemán? Ya es dificil decirlo, dado que ambos regimenes fueron igual de totalitarios. 

     Hoy rindo homenaje a Harald Nugisek, el D' Artagnan de los cuatro mosqueteros de Estonia. En esta ocasión incluyo el texto completo de su biografía extraida del libro que publiqué titulado "Extranjeros de la Cruz de Hierro". 

Nugisek, Harald, nació el 22 de octubre 1921, en la ciudad estonia de Särevere, en la provincia de Järvamaa, en pleno corazón de su país. Sus padres eran granjeros, por lo que él también se dedicaría, en principio, a las labores del campo, tal y como era tradición en la familia durante varios siglos. Al menos su familia podía remontarse 9 generaciones en aquellas tierras, en una granja de 70 hectáreas con 40 de terreno cultivable. Pero parece que el muchacho tenía dotes para los estudios y por eso, tras superar la enseñanza secundaría, estudió en la Escuela de Comercio de Turku. En está época es cuando comienza a relacionarse con un grupo de corte nacionalista llamado la Brigada de las Jóvenes Águilas de Järva.
Muchas familias tenían un profundo apego a la tierra, y la familia de Nugisek no fue una excepción. Los soviéticos conquistaron su país de forma completamente cruel y sanguinaria por lo que muchos pensaron en una futura venganza. 

En 1941, con su ciudad natal bajo control del Ejército Rojo, fue llamado a filas en julio, pero atravesó la frontera y se unió al ejército alemán como voluntario. Con el ejército alemán participaría en la liberación de Tallin. Luchó con una unidad letona del gobierno "legal" como soldado, hasta que su obligación con el ejército letón expiró en diciembre de 1942. Hay que decir que ese "ejército letón" no era más que una unidad del ejército alemán controlado por letones.

La verdad es que los alemanes no fueron vistos como invasores cuando arrebataron Estonia a los soviéticos, sino todo lo contrario, eran los libertadores de la patria estonia que había sido pisoteada por los soviéticos. Por eso muchos jóvenes, se alistaron voluntarios para luchar contra el comunismo y contra el enemigo natural de su patria, la URSS: Nugisek fue uno de aquellos miles de voluntarios. Debido a su porte ario (era alto, rubio y de ojos azules) fue enrolado en la recién formada 20ª División de Granaderos de las Waffen-SS, también conocida como la 1ª División Estona en 1943. Posteriormente, en mayo de ese año estudió en la Academia de Lauenburg de las Waffen-SS para suboficiales, donde se graduaría con el rango de SS-Unterscharfürer (Sargento). Tras su adiestramiento fue nombrado líder del Primer Pelotón del 46º Regimiento.

En 1943, junto con sus hombres, participó en varios enfrentamientos en las cercanías de Nevel, donde fue herido el 21 de diciembre de ese año. Sus constantes luchas y desprecio a la muerte le hicieron merecedor de la Cruz de Hierro de 2ª Clase en febrero de 1944. Muy pronto, Nugisek demostraría que era un excelente suboficial, pues siempre combatía en primera línea con sus hombres, sin importarle el grado de peligro al que se enfrentara. 

A partir del 19 de febrero fue enviado al frente de Narva. Multitud de combates y luchas encarnizadas tenían lugar ya en 1943 en tierras soviéticas, cuando poco a poco el ejército alemán cedía terreno al ejército soviético. En el Frente Norte, cerca del río Narva, entre las tierras situadas entre las ciudades de Vaasa-Siivertsi-Vepsküla tendría lugar otra de esas muchas escaramuzas, dado que los alemanes aún mantenían una importante cabeza de puente sobre el importante río, en una región que llevaba 3 años bajo control alemán. Sin lugar a dudas el Frente Norte era la sección del Frente más estable. La infantería rusa había conseguido penetrar en las sólidas defensas de la región. Varios regimientos de holandeses del batallón de la División SS Nordland llegaron para taponar dichas brechas después de furiosos combates. Muy poco después, los rusos lanzaron un inmenso ataque, amenazando claramente las posiciones alemanas al norte del río Narva. El mando alemán envió a todas las unidades disponibles a ese lugar. Allí se produjeron duros combates cuerpo a cuerpo, especialmente en el cementerio de la ciudad de Ssivertsi que cambió de manos en multitud de ocasiones. Los alemanes consiguieron avanzar hacia el pueblo de Ssivertsi, donde los rusos se habían fortificado en sus posiciones. Las unidades de la División Nordland solicitaron refuerzos, y uno de esos grupos era una unidad de voluntarios estonios de las Waffen-SS, liderados por el Sargento Harald Nugisek. De hecho, toda su unidad había perdido a todos sus oficiales, y el único con galones era el estonio. Por ello se erigió como líder del ataque. Los alemanes estaban aterrados ante la superioridad bélica de los soviéticos. Los estonios no, porque luchaban por su tierra. Sabían que si los alemanes perdían la guerra, sería el fin del gobierno libre re-instaurado por los germanos, y las consecuencias de la reconquista soviética de su nación traería más muertes y deportados a Siberia. 

La cabeza de puente sobre el río Narva controlada por los alemanes estaba a punto de ser tomada por los soviéticos, y los rusos amenazaban por controlar el puente que estaba protegido por fuerzas germanas de las Waffen-SS. Si los soviéticos controlaban el puente podrían utilizarlo para realizar un avance rápido entre las líneas germanas y matar a una gran cantidad de soldados. La cabeza de puente medía unos 5 kilómetros del frente, tenía unos 200-300 metros de largo y unos 200.300 metros de ancho. El puente en cuestión medía unos 80 metros de largo y tenía un ancho considerable para hacer pasar incluso carros blindados. Los alemanes habían construido grandes edificaciones de hormigón y acero, y varios búnkers se podían ver en las cercanías del puente, que además estaban rodeados por profundas trincheras. En el vado este del río Narva había dispuestas una serie de baterías y un regimiento de ametralladoras de posición por si fuera necesaria una cortina de fuego. Además, el puente era usado para enviar suministros y hombres al otro lado de la cabeza de puente por la noche, dado que por el día se corría el riesgo de ataques aéreos o de artillería soviética de largo alcance. 

Los estonios sufrieron el último día de febrero un ataque con fuego contra el puente. Los enemigos soviéticos prendieron fuego a las dependencias de varias casas de la ciudad de Vepsküla. Por la mañana se podían ver grandes columnas de fuego que subían a los cielos. Las llamas se pudieron ver a bastantes kilómetros de distancia. Los soviéticos querían así asfixiar con humos a los estonios, pero por los cambios del viento no fue posible, y el tremendo calor despedido por las llamas fue una señal perfecta para realizar un ataque. La confusión entre los soviéticos por la cercanía de las columnas de fuego, y el ataque sorpresa de los estonios hizo que les entrará el pánico, dejando atrás una gran cantidad de armas. Un bosque cercano a la cabeza de puente fue conquistado casi sin luchar. Los estonios también se hicieron con algunas granjas cercanas a la ciudad de Vepsküla. Ahora los germanos y estonios estaban a tan solo unos cientos de metros de los soviéticos. Se mandó cavar a los hombres para asegurar la posición. Se ordenó en este momento a todos los regimientos de la División Nordland avanzar, orden dada por el Teniente General Scholtz, el cual ordenó que a la cabeza del ataque fuera el 46º Regimiento Estonio.

Los soviéticos estaban escondidos, ¿pero donde? Desde luego era una peligrosa tarea, y pocos soldados estaban dispuestos para actuar, pero si muchos para discutir las órdenes… por lo que apenas se avanzó. Pero el grito del joven suboficial parece que fue bastante motivador:

«¡Maldita sea! ¡El enemigo debe ser derrotado!»

Al principio parecía que el ataque iba a tener éxito. Al fin y al cabo era solamente avanzar unos pocos cientos de metros hacia las trincheras enemigas. Pero pronto se equivocaron, pues entre las posiciones alemanas y ellos había un peligroso campo de minas. De pronto sonó una explosión matando a varios hombres, y luego otra, y luego otra. Parecía como si la tierra subiera al cielo cargada de trozos de carne quemados de soldados muertos. Aquella sí que fue una buena recepción para el joven Harald en aquel infierno. Las tropas estonas, se retiraron. El propio Harald recuerda aquel momento:

«Aparecieron varios rusos de la nada en el bosque y nos comenzaron a disparar duro. Explosiones por todos los lados hacían que las ramas de los árboles directamente desaparecieran, dejando tras de sí montones de madera en el suelo que parecían verrugas ennegrecidas por las explosiones que parecían verrugas en la cara de un anciano. Los soviéticos trataron de cortar nuestros suministros y huida con granadas y morteros directamente sobre nuestras trincheras, haciendo que la arena de los bordes de las trincheras cayera sobre mi. Fue un infierno en la tierra que llegaba entre el humo y el polvo, y después el silencio… y el evitar fragmentos de proyectiles mortales que caían por todas partes

Aunque Harald ya tenía experiencia en combates, como las batallas de Volosso, Gat y Nevel, aquellas explosiones y deflagraciones eran algo totalmente nuevo para él. Aquellos huracanes de fuego, humo y hierro, los hombres tirados en el suelo, incapaz de moverse por el terror causado por las explosiones de la artillería enemiga… a pesar de que estando allí no ganaban ningún tipo de protección.
Harald continuaría luchando con sus hombres en esa misma batalla hasta el 9 de marzo, consiguiendo tomar la cabeza de puente. Harald fue herido en el pie en los instantes finales de la lucha, por lo que fue retirado a un hospital de campaña. Escribió a un compañero lo ocurrido:

«La cabeza de puente de Laningust se ha conquistado con un buen golpe, pero a un alto precio...»

Nugiseks recibió permiso para volver a casa durante un corto espacio de tiempo. Cuando estaba en casa, luciendo su Cruz de Hierro de Segunda y Primera Clase, cogió un resfriado que se complicó en gripe y luego en una complicada fiebre tifoidea que atacó directamente a sus pulmones. Perdió más de 12 kilos, llegando a pesar solamente 49. Cayó presa de la fiebre y estuvo inconsciente durante más de 8 días en el hospital militar de Turku. El 9 de abril, con un Harald aún convaleciente, se le hizo entrega de la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro de manos del máximo responsable de las fuerzas alemanas en Estonia, Karl-Siegmund Litzmann. La entrega de la condecoración fue filmada y además, la acción de Nugiseks saldría mencionada en el Wehrmachtbericht (el periódico del ejército alemán donde aparecían todas las acciones destacables de guerra).

Los médicos ya consideraron que el joven no tenía salvación ninguna, por lo que se le iba a dejar morir. Un médico recién llegado de Berlín por orden del gobierno alemán, que tras examinar su caso, le sometió a un tratamiento diferente y fue el que finalmente salvaría la vida del joven héroe. A fecha de hoy, se desconoce el nombre de su salvador.

Una vez recuperado Harald fue recibido como un héroe en varias localidades estonias, entre ellas su ciudad natal. Una vez repuesto, luchó con gran tenacidad para impedir la conquista de Estonia por parte de las tropas soviéticas en septiembre de 1944, pero sus esfuerzos fueron en vano.  

Finalmente, la propia casa del héroe fue quemada hasta los cimientos, y su familia lo perdió todo. Continuó luchando contra los soviéticos en su continua retirada hacia el oeste, hasta que finalmente fue capturado por partisanos checos en torno a mayo de 1945. Fue enviado a un campo de prisioneros del que intentó escaparse en tres ocasiones. Quizás porque era un preso bastante conflictivo fue tomado por los soviéticos y enviado a Polonia, al campamento de prisioneros de Vorkuta. Fue llevado a Estonia, donde fue liberado en noviembre de 1946. Pero su libertad duraría poco, pues las autoridades alemanes confirmaron que aquel era un héroe de guerra, por lo que fue de nuevo arrestado en febrero de 1947 y condenado a 10 años de trabajos forzados y otros 5 años de exilio. Fue liberado del Gulag en el que estuvo prisionero durante todo ese tiempo en 1953, y se le ordenó permanecer en Siberia durante 5 años. Se casó con una estonia que murió solamente dos  años después. Contrajo segundas nupcias, con otra compatriota, y finalmente pudieron regresar a Estonia en 1958. Trabajó como capataz y de cualquier otra profesión que le pudiera llevar un plato de comida caliente a la mesa hasta su jubilación. Con la caída del comunismo y la independencia de Estonia, Nugiseks, al que siempre se la había considerado un héroe nacional, fue ascendido a Capitán de la Reserva del nuevo ejército estonio en 1992. A pesar de las malas condiciones de vida que llevó, siempre fue un trabajador infatigable con una naturaleza amistosa. Hoy en día, vive retirado en una pequeña casa que él mismo se construyó en la década de los años 70. Acude a eventos militares, aunque su mermada salud ya le impide acudir a menos eventos públicos.

     Hoy en día es considerado como todo un héroe, e incluso fue condecorado en varias ocasiones por el gobierno estonio, como cuando recibió la Medalla de Gratitud del pueblo estonio.   Los 4 héroes estonios que ganaron la Cruz de Caballero son considerados, por parte de la población de Estonia, héroes, e incluso se les llegó a componer una poesía:

«Los rusos sufrieron en Nevel.
¿Qué significa la resistencia de Estonia? Nadie se escapa fácilmente.
Incluso si hay unos pocos estonios.
Detrás de las antiguas murallas de Narva 
Una lucha terrible a muerte  comenzó.
 Ellos sabían lo que estaba en juego,
 Fue la lucha por la liberación de los estonios.
Desde el Este llegó la destrucción a Estonia 
 Y los comisarios políticos de ojos extraños. 
 La muerte, el hambre, la humillación, 
 Y las deportaciones en los campos de Siberia.
El soldado estonio Harald Nugiseks 
viajo a través de tres infiernos diferentes 
 Pero el destino decidió cruelmente. 
 No pudó escapar de la red del Gulag.
Fue el último de los cuatro mosqueteros 
¿De quién habla la Cruz de Caballero colgada al cuello? 
Así que escucha sus nombres, ¿de acuerdo? 
¡Maitla, Riipalu, Rebane y Nugiseks!»

¿Y qué fue de aquellos 4 héroes? El destino de Harald no es ya conocido. Riipalu vivió en Inglaterra, después de huir de las garras comunistas, hasta que murió en Heckmondike, Inglaterra, a la edad de 49 años. Alfons Rebane vivió en Augsburgo, Alemania, hasta el 8 de marzo de 1976. Sobre el ataúd de aquel héroe alguien se acordó de extender la bandera con los colores azules, negro y blanco, los colores de la bandera estona. Rebane, al igual que sus compañeros, era todo un patriota, que incluso después de muerto, dicen, algunos periódicos de izquierdas se burlaron de su persona, así como de la bandera que su féretro lució orgulloso en su primer y único viaje al sueño de los justos. Hoy aquellos que lucharon por defender su patria contra el invasor comunista son recordados como héroes por parte de la población, pues únicamente pelearon, sangraron y murieron por la independencia de su país. ¿Qué hubiera pasado si los americanos no hubieran desembarcado de Europa y los soviéticos hubieran conquistado Francia y España y hubiéramos vivido bajo la dictadura soviética hasta los años noventa como toda Europa Oriental? ¿España miraría a los héroes de la División Azul que lucharon contra el "mal del comunismo" con otros ojos? Seguramente no...



viernes, 18 de abril de 2014

Carta de amor desde la Francia Ocupada, 14 de octubre de 1940


- La carta de amor de la 2ª Guerra Mundial -


Estimados amigos,

     Como bien ya sabéis me había tomado unas pequeñas vacaciones de mi blog debido a mis estudios en la Universidad de Oxford. He regresado, dado que ahora estoy en el tiempo de descanso entre una asignatura y otra, para retomar el Blog con nuevos cambios y mejoras que voy a ir introduciendo, especialmente en contenido, y sorpresas que os iré desvelando poco a poco.

     Como ya sabéis soy coleccionista de Militaria y ya he dedicado varias entradas en mi blog a mi colección como el post especial REALIZADO EN NAVIDAD CON UNA DE LAS JOYAS DE MI COLECCIÓN.

     Pues bien. Hace algunos años adquirí un lote de varias cartas de la 2ª Guerra Mundial, de las cuales ando traduciendo algunas de ellas. Hubo una de ellas que me llamó poderosamente la atención y era, nada más y nada menos que una carta de amor de un soldado alemán llamado Emil a su querida esposa "Ella". El soldado parece que llegaba tarde para coger el tren que le llevaría a una Francia ya ocupada por los alemanes y a su nuevo destino, por lo que cogió, quizás sin autorización la bicicleta de su mujer. El soldado no pudo esperar más a su esposa en el anden, y le entregó la bicicleta a varios operarios ferroviarios, y el motivo de la carta es básicamente el "que ha pasado con la bicicleta".

     Francia 14 de octubre 1940

Mi amor,

Ayer por la tarde llegué a mi nuevo hogar, cansado y cargado de sueño. Me fui a la cama de inmediato y dormí como una rata hasta 6:30,  cuando escuché de nuevo la voz de mi Sargento:  "¡Levántate!". Querida Ella, con gusto habría dado la vuelta y dormido otra vez, pero tuve que levantarme, sin piedad. Es por eso que te estoy escribiendo ahora al mediodía.

- Una vieja bicicleta -

Sobre todo , mi querida Ella, ¿qué pasa con la bicicleta? ¿La tienes? Querida Ella, apenas pude esperar mucho más para que llegara el tren, no podía esperar más, hubiera preferido esperarte hasta que tú, mi amor, hubieras estado allí. Por lo tanto dejé la bicicleta a dos trabajadores del ferrocarril que estaban allí, y les dije que mi esposa la recogería muy pronto. Les dije que cuando mi mujer llegara le dieran la bicicleta. Les dije que vestías de negro, que tenías el pelo del mismo color y que medías  alrededor  de 1,55 m de altura.

Me aseguraron que la bicicleta llegaría a manos seguras. Que pasó mí amor,  ¿qué le pasó a la  bicicleta? Querido Ella, si no conseguiste recuperar la bicicleta, por favor pregunta  en la estafeta de la estación de tren  quien  trabajaba por la noche, entre las tres y media y cuatro estaba trabajando y pide los nombres de los trabajadores ferroviarios. Uno de ellos debe tener la bici. De lo contrario, quéjate y seguro que entregarán la bicicleta inmediatamente. Sin embargo, no creo que la bici esté en malas manos y espero que ya tengas.

- Un soldado alemán desconocido, ¿quizás Emil? -

Querida Ella, te ruego que por favor me confirmes que ya tienes la bicicleta, porque de lo contrario no me quedaré tranquilo. Te debería haber esperado, y así esto no habría sucedido . Sin embargo, es algo que ya no puedo cambiar.

Querida Ella, debido a que preparé todo muy rápido olvidé mi cepillo de zapatos y el betún , mi peine y la linterna. Te ruego que me envíes estas cosas por favor, sabes que las necesito y que son necesarias.

Querida Ella, también recibí una carta en la que me decías que habías vuelto de vacaciones. Dentro había una foto tuya en la que estás con Frank.  Estás maravillosa en la foto.  […]

Querida Ella,  dejo ya de escribir y te envío muchos saludos y muchos, muchos besos y también me gustaría volver a saber de ti lo antes posible.

Tu Emil

P. D.: Espero poder estar de nuevo en casa y recibir tu cálida bienvenida y volver a besarte.

P.  D.: Querida Ella, me olvidé también mi encendedor en casa,  así que por favor  envíamelo junto con las otras cosas .

     Esa era la vida diaria de un soldado alemán. No hay gloría en la guerra, sino congoja por los detalles más simples. El soldado escribe a su esposa, sintiéndose culpable porque no la pudo esperar el tiempo suficiente para devolverle la única bicicleta de la que disponía el matrimonio. Culpable, porque se encuentra a miles de kilómetros de casa y no pudo entregar al amor de su vida su bicicleta. Culpable, por participar en una guerra en la que seguramente él no quería participar, como cientos de miles de alemanes. Quizás la guerra acabó para Emil en el Frente del Este, quizás defiendo Normandía de los alemanes o quizás en tierras italianas, o incluso quizás defendiendo Berlín... no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que hubo miles de soldados alemanes que no pudieron regresar con sus familias, y que fueron enterrados por toda Europa en lápidas sin nombre... eso los más afortunados.

- Lápida de soldado desconocido -

     Quizás Ella consiguiera recuperar la bicicleta y escribir a su preocupado esposo que ya respiró aliviado al saber que al fin la bicicleta estaba en manos de su querida esposa. Lo único que espero es que la guerra acabará bien para los dos y los dos se reencontraran y dieran muchos paseos en bicicleta en la Alemania de la post-guerra, pero desafortunadamente nunca lo sabremos. Sirvan estas líneas de recuerdo a todos los soldados que pudieron descansar junto a sus esposas al finalizar ese conflicto tan cruel llamado Segunda Guerra Mundial.


José A. Márquez Periano.