domingo, 26 de julio de 2015

- Los hijos de la familia Goebbels -

Aunque nuestra bitácora recoge héroes de guerra, quiero hacer un inciso y recordar parte del extenso reportaje que ya publiqué hace 4 años sobre los hijos de Goebbels en el blog. Lo publiqué también en homenaje a todos los pobres niños que han sufrido por culpa de sus padres un destino trágico y cruel... héroes a su manera.

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Goebbels, La Familia, estaba compuesta por cinco hijas y dos hijos, el Ministro de Propaganda Nazi Joseph Goebbels y su esposa Magda Goebbels. Todos los hijos que tuvo la familia serían asesinados por sus propios padres en el Bunker de Berlín el 1 de mayo de 1945, poco antes de sus padres se suicidaran. 

Algo que es desconocido por la mayor parte de los aficionados es que Magda Goebbels tenía un hijo mayor de un matrimonio anterior (y por tanto era hijastro de Goebbels) llamado Günther Quandt el cual no murió a manos de su maléfica madre y su tirano padrastro. Es curioso que el nombre de todos los hijos del matrimonio Goebbels fueran bautizados con nombres que comenzaban por la letra H. Algunos historiadores señalan que es posible que sus nombres fueran una especie de homenaje a Adolf Hilter y al nacionalsocialismo pero no existe ninguna tesis que corrobore esta hipótesis, pues ni Magda ni Joseph hacen mención de ello en sus respectivos diarios.
Harald. Harald Quandt era hijo del anterior marido de Magda, Harald Quandt (multimillonario alemán fundador de BMW). El muchacho tenía 10 años cuando su madre contrajo matrimonio con Goebbels en enero de 1931, dos años después del divorcio de sus padres. El muchacho vivió algunos años con su padre natural hasta que Goebbels protestó formalmente por ello, por lo que fue a vivir a la nueva residencia de su madre. El muchacho acompañó algunas veces a su "tío Joseph" a algún discurso vistiendo el uniforme de las Juventudes Hitlerianas. El joven muchacho participaría en la 2ª Guerra Mundial, alcanzando el rango de Teniente y enrolándose en la Luftwaffe lucharía contra los aliados. Siendo capturado por los aliados sobreviviría a la guerra y a la muerte. Tras la guerra se convertiría en uno de los hombres más millonarios de Alemania tras convertirse en propietario de parte de las fábricas de su padre. 

En 1934, Goebbels compro una impresionante casa con sus propios jardines en Schwanenwerder, una isla del rio Havel. También compró un yate a motor para navegar por el río. Los chicos no tenían ponies, pero si un pequeño carruaje para usarlo en los jardines. 

La familia también tenia un pequeño castillo cercano a Berlín que era su residencia oficial, aunque realmente solamente era usada como vivienda para los fines de semana. El matrimonio Goebbels quedó muy erosionado a causa de los escarceos amorosos de Goebbels con varias actrices, tanto que comenzaron a vivir separados, y parece que este hecho no pareció ser percibido por los pequeños, pues seguramente pensarían que su padre estaría muy ocupado a causa del trabajo. 

A finales de enero de 1944, Goebbels envio a Magda y a sus dos hijas más mayores a un hospital militar para ser filmadas con soldados heridos, pero pronto se abandonó el proyecto porque las terribles heridas de los jóvenes soldados podrían ser demasiado traumáticas para las pequeñas. Cuando el ejército soviético se aproximó a Alemania, Goebbels trasladó a su familia a la seguridad de su residencia en Schwanenwerder. Sus hijos pronto escucharon el ruido producido por la artillería soviética y se preguntaron porque nunca llovía a pesar de escuchar "truenos".

El 22 de abril de 1945, el ejército ruso entraba en Berlín, a la vez que sus hijos hacían lo propio en el Vorbunker, el bunker conectado al Führerbunker debajo de los jardines de la Cancillería del Reich. El líder de la Cruz Roja, el sanguinario Karl Gebhardt (presente en esta obra) se ofreció salvar a sus hijos y sacarlos fuera de la ciudad, pero Goebbels no quiso desprenderse de sus hijos. El coronel F. von Loringhoven recuerda cuando llegaron los niños al Bunker en sus memorias:





«Aquella noche (la noche del 22 al 23 de abril) me encontraba por casualidad en la parte baje de la escalera del búnker cuando vi llegar a Magda Goebbels , una mujer hermosa, muy elegante, seguida de sus seis hijos que bajaban los escalones en fila india. Tuve un mal presentimiento al ver sus frágiles siluetas, vestidas de oscuro, y sus rostros pálidos y ansiosos. ¡Qué idea llevar a unas criaturas tan inocentes a semejante lugar! Si les enviaban a Baviera, no les ocurriría nada. Esos niños, como todos los demás, se exponían a no salir vivos de allí.»


El 27 de abril los niños conocieron a Hanna Reich que llegó al Führerbunker. Hanna Reich recoge en sus memorias este momento:

Cuando entré en la habitación, contemplé aquellas seis hermosas caras de niño, de los 4 a los 12 años, que […] me miraban con viva curiosidad. 

Ese mismo día, la secretaría de Hitler escribía lo siguiente en su diario:



«Todos estábamos muy asustados, parecía que las bombas nos caían justo encima, que en cualquier momento íbamos a saltar todos por los aires. Las manos y las piernas me temblaban de tal manera que casi no podía sujetarme en pie. Blondi no sabía dónde esconderse, los niños de lo Goebbels lloraban desconsoladamente. Trauld Junge.»


Junge cuidó de los pequeños cuando a eso de las tres y media de la tarde del 30 de abril Hitler y Eva se suicidaban. Todos los que estaban en el Bunker tenían dos opciones, suicidarse o intentar huir para no caer presa de los soviéticos, que era el peor destino para alguien que había estado tan cerca del régimen nazi. En el Testamento de Goebbels escrito el día anterior a la muerte del Führer, Goebbels decía:

«Por esta razón, expreso en nombre propio, en el de mi esposa y en el de mis hijos, demasiado jóvenes aún para poder manifestarse por sí mismos pero que, de tener la edad suficiente para ello, se adherirían incondicionalmente a esta decisión, el propósito irrevocable de no abandonar la capital del Reich, aun en el caso de que caiga y poner fin al lado del Führer a una vida que para mí personalmente no tiene valor alguno si no puedo dedicarla al servicio del Führer, a su lado»

Los cuerpos de los niños fueron encontrados por los soviéticos el de mayo de 1945 con sus prendas de vestir y los niñas con lazos en sus pequeñas cabezas. Sus cuerpos fueron enterrados con los cuerpos de Hitler, Eva Braun, Krebs, el perro de Hitler y sus padres en tumbas cerca de Rathenow. En los años 70, los restos mortales fueron desenterrados e incinerados para ser tirados a un río.

«Los niños eran inocentes. No se les puede acusar de los crímenes y errores que sus padres cometieron. Fueron asesinados como otras muchas victimas inocentes de la 2ª Guerra Mundial.»


Biografía recogida en el libro EL BUNKER DEL FÜHRER. 
Nota: Las biografías aquí recogidas son un resumen de las aparecidas en el libro citado.

miércoles, 1 de julio de 2015

- Michael Wittmann: su acción de Villers-Bocage -



Saludos amigos,

Tiempo atrás ya compartí con vosotros algún artículo sobre parte de la biografía de Michael Wittmann. 

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Hoy comparto con vosotros una versión extendida de su biografía, centrándome en esta ocasión sobre su famosa acción de Villers-Bocage, fragmento de mi próxima obra "Espadas de las Waffen-SS".


 A raíz de la invasión aliada de Francia, el batallón fue destinado el 7 de junio a Normandía llegando a este lugar el 12 de junio, tras cinco días de marcha por carretera. Hay que decir que el 6 de junio el batallón 101º de Tanques Pesados cuenta con 101 Tigers I, pero los imparables bombardeos van diezmando poco a poco las fuerzas alemanas. Una semana después, solamente quedan operativos 6 vehículos. Ubicados en el frente izquierdo, el más determinante para enfrentarse a los británicos y canadiense dado que si este sector caía era la  ruta más rápida en llegar a Alemania, por lo que era normal que dicho sector contara con las  mejores unidades germanas.
Debido a los avances aliados desde las playas de Gold y Omaha, la 352ª División de Infantería comenzó a ceder terreno, provocando en su retirada una brecha en las líneas alemanas de 12 kilómetros cerca de Caumont-l’Éventé. Sepp Dietrich ordenó a su unidad de reserva, la SS-Panzer Batallón 101, situarse detrás de la División Panzer Lehr y la 12ª División Panzer de las SS Hitlerjungend, para cubrir la brecha del flanco izquierdo del frente. Anticipándose a la importancia que los británicos daban a la zona cerca de Villers-Bocage, y de esta forma la unidad de Wittmann fue trasladada cerca de la ciudad.
Los británicos que componían la 7ª División Blindada tenían la misión de adentrarse en las líneas alemanas gracias a la brecha creada en el frente germano, y aprovechar la ocasión para capturar Villers-Bocage y una cordillera cercana que era una posición muy estratégica. Los británicos ocuparon la ciudad y la cordillera durante la mañana del 13 de junio. Wittmann, cuyo batallón recordemos tenía únicamente cinco tanques operativos, se sorprendió al descubrir a los británicos en las cercanías de Villers-Bocage mucho antes de lo previsto. El vehículo de nuestro protagonista se encontraba entre la espesura de árboles que rodeaban la ciudad. Según Wittmann esto fue lo primero que ocurrió en aquel día:

<Entonces un hombre apareció en el puesto de mando y me indicó que  había carros acercándose y que no creía que fueran alemanes. No tenía ni idea de que el enemigo aparecería de repente. Vi como los carros blindados americanos e ingleses pasaban a solamente 150 metros de mi posición. Nunca me había impresionado tanto la potencia enemiga como  entonces.>

De pronto Wittmann estaba observando a la 22ª Brigada Acorazada británica avanzando desde su posición.  Poco después decidió lanzarse al ataque en solitario pese a la extraordinaria superioridad numérica del enemigo:

<No fue fácil dar la orden de atacar, pero sabía que era absolutamente necesario y decidí abalanzarme contra el enemigo. No tenía tiempo de reunir a mi compañía por lo que preparé un solo tanque. Fui hacia la columna enemiga, sorprendiendo  a los ingleses como ellos me sorprendieron a mí. Inmovilice primero a dos carros por la derecha. Luego a uno por la izquierda. Después giré a la izquierda y ataqué a los vehículos acorazados de transporte en mitad del regimiento. Nunca abandonaron la carretera, y se sorprendieron tanto que huyeron pero sin sus vehículos. Saltaron y yo disparé a los vehículos del batallón mientras conducía. Fui hacia la retaguardia de la columna destruyendo cada carro que se aproximaba. La confusión se apoderaba del enemigo. Pude destruir carros de combate, así como transportes acorazados. Luego me dirigí hacia la ciudad de Villers-Bocage.>

Esto ocurrió aproximadamente a las 9 de la mañana cuando el Tiger de Wittmann surgió de la cobertura en la ruta nacional 175 y contraatacó a los tanques británicos de vanguardia, destruyéndolos. A continuación se dirigió a Villers-Bocage.
Entrando por el extremo oriental de Villers-Bocage, Wittmann atacó a varios tanques ligeros y después a otros de tipo medio. Alertados por los ataques de Wittmann, nuevos tanques ligeros, desde el centro de la ciudad, marcharon rápidamente en ayuda de sus compañeros por la carretera. Wittmann, mientras tanto, había tenido tiempo todavía de destruir un tanque británico más, dos puestos de artillería de Observación (PO) de tanques, un vehículo de reconocimiento y un furgón. Varios relatos difieren en cuanto a lo que sucedió después. Los historiadores confirman que tras la destrucción de los tanques de OP, Wittmann intentó medirse sin éxito contra un Sherman Firefly antes de retirarse. El Tiger informó que continuaba hacia el este, a las afueras de la ciudad, antes de ser inutilizado por un arma anti-tanque. Sin embargo, el propio Wittmann contradice esto, asegurando que el tanque fue inutilizado por un arma anti-tanque en el centro de la ciudad. Wittmann aseguró también  que su vehículo quedó inutilizado en medio de la ciudad y que se negó a dejarlo abandonado y continuó disparando hasta:

<21 carros aliados destruidos. Llegue aproximadamente al centro de la ciudad donde fui alcanzado por un anticarro. Mi vehículo estaba inutilizado, y  seguí disparando y destruí todo lo que estaba a mi alcance. Después abandoné el tanque.>
En menos de quince minutos, catorce tanques (5 Cromwell, 3 Stuart y 4 Sherman), dos cañones antitanque y quince de los vehículos de transporte habían sido destruidos por el Batallón SS-Panzer 101, la gran mayoría atribuibles a Wittmann, dado que los otros Tiger I entraron en combate una vez que estuvieron listos. En resumidas cuentas, en esta batalla se vieron las caras 138 carros y vehículos blindados aliados contra solamente 6 tanques alemanes.  15 minutos fueron suficientes para dejar fuera de combate a todo un regimiento enemigo. Esta acción retrasaría la toma de Caen dos meses más por parte de aliados, lo que nos da una clara muestra de cómo una acción individual puede cambiar el curso de una batalla.
Lo que está claro es que Villers-Bocage fue una muestra de improvisación, decisión, y suerte, factor muy decisivo como en muchas ocasiones en la biografía de este intrépido tanquista. Wittmann no actuaría más en la batalla de Villers-Bocage. Más tarde afirmaría con respecto a esto que:
«No he tenido tiempo para montar mi ataque, teniendo que actuar rápidamente, ya que tuve que asumir que el enemigo ya me había descubierto y me destruiría donde me encontrara. Partí con un tanque y dije a los demás que no debíamos retroceder un solo paso, sino mantener nuestras posiciones»